¿"BOOM" ARGENTINO EN 2005? (I PARTE)

Staff ZonaBancos.com

por Staff ZonaBancos.com

viernes, 19 de septiembre de 2003

Los pillados cuando el crac, pronostican una tragedia infinita. Anhelan que la humanidad vindique la lesión de sus derechos. Quienes estaban “fuera”, son concientes del quebranto, pero lo ven como un hecho del pasado, otra tragedia argentina. Ambos tienen algo de razón. Analizaré si en el corto plazo puede tener lugar otro ciclo alcista en nuestro mercado; y de ser así, que tan sólidos serían sus fundamentos. Para eso, trataré el momento del que se parte, la rentabilidad potencial de los activos, la provisión de liquidez necesaria para dar sostén al proceso, y los riesgos que podrían perturbarlo.

RACCONTO Y PUNTO DE PARTIDA...

La ciencia económica está signada por apreciaciones históricas y conclusiones propias de su epistemología; pero pocas cosas tienen un consenso tan unánime, como la existencia del ciclo. Nadie niega ya, que el crecimiento tiene naturaleza oscilatoria e irregular. Momentáneamente, la demanda puede no guardar identidad con la producción, y ésta, puede requerir recursos en una cuantía diferente a la ofertada. El ingreso y los precios relativos explican como se logra el equilibrio.

Las cuentas nacionales muestran, hace décadas, un volátil estancamiento. Euforias y depresiones se suceden sin alterar el ingreso. La secular impotencia política para gobernar sin “comprar” cohesión social; y su correlato, un orden financiero que expande desequilibrios para “abonar” dicho abasto, habían llegado a un límite a fines de los ochenta. Tal percepción detonó una hiperinflación. La huída del dinero desplomó los activos, y la pauperización del ingreso exigió que la moneda excedente se neutralizara con métodos confiscatorios, que la justicia legitimara a posteriori. Entonces, el electorado optó por un populismo que frente a la realidad, se alió con fuerzas conservadoras. Notable impacto. Fiesta...

El fisco no logró equilibrar sus cuentas, pero lo ocultó con picardía, computando como ingreso corriente las privatizaciones e incorporando a la mensura económica una ignota informalidad. El Estado se financiaba con inversión directa extra muros y el mercado de capitales se abría a las empresas. Los privados importaban capital mientras el Estado usufructuaba una expansión tributaria formidable, pero incapaz de compensar sus gastos. Una apreciación progresiva y la afluencia de crédito, reciclaba éste pretendido circulo virtuoso. Con el “Tequila” las expectativas sufrieron una lesión irreversible. El mercado comenzó a exportar capitales, hecho que con caja de conversión, aventaba el riesgo de recesión. El pánico a las consecuencias de la disciplina monetaria, sucumbió ante un proyecto político al que repugnaba cualquier límite temporal. La tesorería compensó la demanda equilibrando sus pagos con endeudamiento.

Asia marcó el principio del fin, porque resquebrajó el fondeo externo, sostén crítico del experimento, que abortó con el default ruso. La banca local fue “inducida”, heterodoxamente por cierto, a proveer el fondeo. A la devaluación brasileña y la asunción de otro gobierno inepto, siguió el ocaso de la burbuja global. Se masificó la percepción de riesgo. La restauración del Dr. Cavallo y el repudio cívico, habilitaron un asalto al poder que encubrió una revolución fascista, momentáneamente abortada. Devaluación, “pesificación” y confiscación, fueron las vías elegidas para socializar el quebranto.

Algunos piensan que se ha vuelto al punto de partida; al que seguirá otro meteórico despegue. Otros pensamos que si bien existen llamativas analogías, están alteradas por la experiencia que los actores incorporaron. No hay duda de que el valor de los activos, reales y financieros, tocó un piso histórico propio de un sistema en que el crédito ha desaparecido. Pero tampoco puede negarse que se han adquirido conductas propias de apreciar, que en Argentina, “esto pasa cada tanto”. La exportación de capital se transformó en una nueva restricción, porque el sistema político demostró ser capaz de destruir la economía con tal de sobrevivir. No hay acciones tendientes a modificar lo dicho. Además, el colapso de la autoridad moral del Estado, fomenta el consumo de capital e impone “compensaciones” que redistribuyen el ingreso futuro conforme la capacidad de lobby y la ideología imperante. Esto limita el producto potencial y la acumulación privada.

Pero no todo fue negativo. Un partido dividido, pero con vocación de poder, se entronizó hegemónicamente. La constitución de un ejecutivo homogéneo con respaldo legislativo, es la asignatura pendiente. La necesidad del poder, de gobernar con legisladores ajenos, brinda un atisbo de que tal convergencia no ha sido alcanzada aún.

Los precios relativos son favorables. Devaluación y aversión al riesgo les otorgan una razonable proyección temporal. La connivencia sindical con el partido hegemónico y una elevadísima desocupación, impiden que la productividad se transforme en salario, al menos en lo inmediato. La miseria custodia la depresión del consumo, habilitando un superávit comercial nunca visto; que el año próximo, podría expandirse por las adversas condiciones climáticas que azotan al agro yankee. El ahorro es formidable, pero hoy, de imposible aprovechamiento por ser atesorado o girado al exterior.

Otro piso cíclico ha sido alcanzado. Pero eso nada garantiza, porque los rebotes solo obedecen a un complejo proceso decisorio, que todavía no se ha puesto en marcha. Para que tenga lugar, dos requisitos han de converger en el tiempo:

1. Las empresas deben animarse a captar las rentas futuras que nuestros deprimidos activos ofrecen.

2. Los ahorristas deben aumentar significativamente su propensión a invertir en activos nacionales.

Estos serán los temas que analizaremos en la siguiente entrega...