KIRCHNER VS. SCIOLI

Rodolfo Rapán

por Rodolfo Rapán

miércoles, 20 de agosto de 2003

En las organizaciones como en los países, son pocas las personas que marcan el rumbo; que tienen claro como deben ser las cosas dentro de cinco años y que decisiones hay que tomar cada día para llegar a ese objetivo.

Por lo general esas personas necesitan de colaboradores incondicionales que apliquen su conocimiento y esfuerzo a dar soporte y sustento a las ideas y conceptos del líder; mas allá de su propia opinión.

La “propia opinión”, pasa a ser entonces, la opinión del líder pero complementada con un enfoque distinto o con algún aporte técnico que refuerce la idea original.

En este modelo de gestión, una actitud como la del Vicepresidente Scioli, en la cual se manifiesta una opinión distinta a la del líder, debe ser castigada. Los costos y riesgos son un tema a evaluar pero no el más importante. Ese castigo, en función de su magnitud y severidad, será ejemplificador para el resto de los colaboradores, quienes repensarán lo que ponen en juego al disentir y estarán cada vez mas predispuestos a “justificar lo injustificable” cuando el líder lo necesite.

Este modelo con sus defectos y virtudes concentra el ejercicio del poder, dado que por alguna vía (desde un contrato proveedor hasta un plan asistencial) cada vez mas personas se benefician directa o indirectamente de funcionamiento del modelo y comienzan a defenderlo, o como mínimo a no atacarlo cuando evidencia anomalías.

El principal problema son los organismos de control. Si los mismos no existen, o están a cargo de “beneficiados” del modelo, el rumbo equivocado del líder puede tener consecuencias desastrosas, dado que con el poder concentrado se va hacia el precipicio de manera rápida y efectiva.

Nuestro poder de autocrítica nos puede llevar a pensar que este es un problema de Argentina, o de países subdesarrollados, pero la reciente invasión norteamericana a Irak, liderada por el presidente ejerciendo su poder, hace revisar esta idea.