viernes, 12 de diciembre de 2008
La deflación genera un círculo vicioso en el que nadie consume porque cree que los precios van a seguir cayendo ni tampoco presta sus ahorros porque las tasas no son atractivas
¿Dónde quedó el miedo a la inflación alta que se había desatado durante el primer semestre de 2008? Daría la sensación de que hubiera pasado mucho más tiempo desde el mes de julio en que el barril de petróleo llegó al récord de 147 dólares y la economía mundial se recalentaba.
Hoy, el temor es totalmente opuesto: que la recesión ya declarada oficialmente en los principales países desarrollados termine profundizándose, con tasas de interés y precios que se derrumban (el crudo cuesta hoy menos de 40 dólares) y un escenario donde la deflación de precios genera un círculo vicioso en el que nadie consume porque cree que los precios van a seguir cayendo ni tampoco presta sus ahorros porque las tasas no son atractivas.
En este escenario, conocido como la “trampa de la liquidez”, la recesión se vuelve más profunda porque las empresas no pueden tomar créditos para inversión (nadie tiene incentivos suficientes para prestar), venden menos porque la gente posterga sus consumos y por ende, crece el desempleo y el riesgo de terminar en una depresión.
Hasta ahora, la reacción de los principales bancos centrales frente al estancamiento de la economía fue la de bajar agresivamente las tasas de interés. La Reserva Federal picó en punta a fines del año 2007, llevando su tasa de referencia del 5,25% al 1% anual, mientras que el Banco Central Europeo (BCE) la redujo hasta el 2,5% y el Banco de Inglaterra al 2%, el menor nivel desde 1951.
Pero lo que en circunstancias normales hubiera alcanzado para estimular la demanda de créditos, en el actual contexto demostró ser insuficiente: la crisis subprime complicó aún más el acceso al financiamiento, porque los bancos prefieren no desprenderse de la liquidez y no se prestan entre ellos por la desconfianza que todavía existe respecto de qué entidades son solventes y cuáles no. Esto hace que las empresas no obtengan préstamos y para evitar esto, los gobiernos de EE.UU. y Europa se pusieron a emitir dinero como forma de inyectar liquidez en la economía. La famosa alegoría de Milton Friedman (Premio Nobel de Economía en 1976) del helicóptero que larga dinero sobre la gente para que lo gaste y la economía arranque de vuelta, en un contexto de incertidumbre y precios que caen puede volverse inútil si las personas deciden ahorrar en lugar de consumir.
Hoy está creciendo el debate entre los economistas sobre si la economía mundial se encamina a un escenario como el de la trampa de la liquidez y si no conviene tomar al toro por las astas antes de que la situación sea mucho peor, es decir bajar aún más las tasas y aumentar el gasto público rápido para fomentar el empleo y el consumo. Pero el debate no está cerrado, porque también están quienes creen que los déficits fiscales (fruto del aumento del gasto) terminarán más adelante siendo pagados por las futuras generaciones con un nivel de vida inferior.
Paul Krugman, quien se para en la vereda de los que están a favor de aumentar el gasto, sostuvo en su columna del New York Times que no hay que repetir los errores de EE.UU. en los años ’30 o Japón en los ’90 cuando se decidió combatir la recesión con control del gasto. “Lo que hizo que la austeridad fiscal fuese tan mala idea tanto en los EE.UU. de Roosevelt como en el Japón de los años ’90 fue el hecho de que se daban unas circunstancias especiales: en ambos casos, el Gobierno dio marcha atrás frente a una trampa de la liquidez, una situación en la que, a pesar de que la autoridad monetaria había recortado las tasas de interés todo lo posible, la economía seguía funcionando muy por debajo de su capacidad. Y ahora nos encontramos ante la misma clase de trampa, y por eso quienes se preocupan por el déficit están fuera de contexto”.
Todos están de acuerdo en que hay que actuar rápido para evitar la deflación, porque una vez que se profundiza, se vuelve mucho más difícil fomentar el consumo. Para el francés Philippe Brossard, director de investigaciones económicas de la aseguradora internacional Euler Hermes, “si se actúa una vez que la deflación está en marcha, las políticas monetarias se vuelven inoperantes para frenar la recesión. Esto es lo que pasó en Japón en los ’90: el banco central esperó demasiado y el país se hundió en una espiral de recesión-deflación, a pesar de que las tasas de interés se llevaron al 0%, aunque demasiado tarde”. El problema entonces es saber si la deflación ya llegó, porque el Tesoro de EE.UU. acaba de subastar, por primera vez en su historia, letras a un mes con un retorno del 0%.
Fuente: El Cronista
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