Los bancos centrales bajan las tasas para esquivar la recesión pero no ven resultados

lunes, 01 de diciembre de 2008

La recesión comenzó en Alemania, Japón, Gran Bretaña, Suecia y España. El temor es que la crisis crediticia derive en una depresión, agravada por el riesgo de deflación. Se prueban otras recetas

No es el cometa Halley, pero se le parece: por primera vez en medio siglo, la tasa de los Bonos del Tesoro de EE.UU. a 10 años cayó por debajo del 3 % anual. Algo que no se ve muchas veces en la vida está sucediendo hoy, en momentos en que los principales bancos centrales del mundo luchan para evitar la temible “doble D”: depresión con deflación. Aparte de la baja de tasas que han venido aplicando la Reserva Federal, el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón se lanzaron paquetes de ayuda para rescatar la deuda tóxica en poder de los bancos, y se está emitiendo dinero para evitar que el consumo se detenga y termine generando una depresión. Pero hasta ahora, la medicina aplicada por los bancos centrales no dio resultado.

“Lo que revela esta crisis es un quiebre del sistema financiero como nunca he visto en mi vida”, sostuvo en una conferencia Paul Volcker, ex presidente de la Fed y recientemente designado por Obama al frente de su consejo de asesores económicos. “La política monetaria tradicional no está siendo capaz de hacer circular el dinero. El problema está en que, incluso con toda la ayuda del gobierno, el mercado no se pone otra vez en movimiento. No creo que alguien se imagine poder salir rápido de esta recesión”, agregó.

Frente a la desaceleración económica, la primera medida de los bancos centrales fue reducir las tasas. La Fed picó en punta y llevó la tasa de interés de referencia, entre septiembre de 2007 y octubre de 2008, del 5,25% al actual 1%. El BCE, después de muchos meses de mantenerse firme en su política de no bajar las tasas frente al riesgo inflacionario, las redujo 4 veces a partir del mes de octubre de 2008, desde el 4,25% al 3,25% actual. Y los analistas prevén una nueva reducción de 0,5% a principios de diciembre. Mientras tanto, el Banco de Inglaterra decidió llevar su tasa de referencia al 3%, el nivel más bajo de los últimos 53 años.

Pero el problema se da en que estas reducciones no están generando el efecto deseado. La baja de tasas no se traduce en créditos a particulares, empresas y entre bancos, porque la cadena está rota y las entidades no se desprenden de su liquidez por miedo a incrementar su cartera de incobrables. Y además, ningún banco es confiable, porque no puede registrar sus pérdidas totales en activos securitizados con hipotecas subprime, en la medida en que sigan cayendo los precios en el mercado inmobiliario. La semana pasada, se publicaron datos que indicaron que la venta de casas nuevas siguió bajando en octubre, al igual que el gasto de los consumidores y los pedidos de bienes durables.

La montaña rusa

Tal como en una montaña rusa, en tan sólo cuatro meses se pasó del miedo a la inflación elevada (con el petróleo en u$s 140) al pánico por la deflación de precios (con un barril de u$s 50). La situación en EE.UU. es muy complicada, con más de 10 millones de personas que no pueden encontrar trabajo y más de 85.000 viviendas embargadas en octubre. El gran riesgo está en que el consumo se desplome si sigue creciendo el desempleo y el acceso al crédito no se destraba. Hoy, la deuda de las familias estadounidenses alcanza el 300% del PBI, lo que las obliga a un fuerte desendeudamiento.

Para luchar contra este escenario, el gobierno de George Bush decidió llevar adelante una política de “quantitative easing”, que implica aumentar la masa monetaria emitiendo dinero e inyectando liquidez. Esta política fue empleada en Japón a principios de los 2000, cuando la tasa del banco central japonés llegó al 0%.

“A principios de este año, los activos en poder de la Fed alcanzaban los u$s960.000 millones. Hoy, nuestros activos exceden los u$s1,9 billones”, explicó en una conferencia de prensa Richard Fischer, presidente de la Fed de Dallas. “No me sorprendería que alcancen los u$s3 billones (un 20% del PBI), para cuando llegue el Año Nuevo. La composición de nuestras tenencias se ha modificado considerablemente. Antes, casi el 100% estaba constituido por Bonos del Tesoro, hoy es menos de un tercio. El resto está compuesto por acreencias derivadas de nuestras nuevas facilidades de crédito”.

Según el Banco de Inglaterra, la crisis financiera ya causó pérdidas por valor de u$s2,7 billones. Pero el problema va a seguir creciendo en la medida en que nadie sea capaz de ponerle finalmente el cascabel al gato subprime.

Fuente: El Cronista