jueves, 27 de noviembre de 2008
En marzo, Bear Stearns fue salvado in extremis con un crédito público. Un semestre después, Lehman no tuvo la misma suerte. Hoy pasa lo mismo con el Citi y las automotrices
“Too big to fail” (demasiado grande para caer), es el argumento con el que se está justificando el paquete de ayuda otorgado por el gobierno de EE.UU. al Citi: un rescate de u$s 20.000 millones en efectivo y garantías para sus activos riesgosos por u$s 306.000 millones. Este paquete implica un enorme cambio de política en comparación a dos meses atrás, cuando el gobierno se cruzó de brazos y dejó que Lehman Brothers se hundiera como el Titanic. Pero también demuestra que todavía sigue habiendo empresas que merecen ser rescatadas (como Bear Stearns, en marzo de este año) y otras a las que se les prefiere soltar la mano (como Lehman o las automotrices).
En el caso del Citi, aparte de que el gobierno parece haber aprendido de sus errores (por lo menos en el sector financiero), el banco es demasiado grande para asumir el riesgo de verlo desaparecer. El grupo posee 200 millones de clientes repartidos en todo el mundo y el valor de sus activos (u$s 2 billones) equivale al PIB de Gran Bretaña. Sin embargo, en los últimos años perdió mucho de su prestigio (el mismo que le permitió convertirse en el banco número uno del mundo en los años ’90). Más aún, entre noviembre de 2007 y noviembre de 2008, su capitalización bursátil cayó un 90%, al punto tal que la acción hoy vale menos de u$s 10. Pero su peso relativo es muy alto, lo que explica que el Tesoro haya preferido evitar cualquier nuevo riesgo sistémico, cuya amplitud hubiera sido significativamente superior a la de Lehman.
Cuando fue la quiebra de Lehman, a mediados de septiembre, muchos se preguntaban por qué Bear Stearns había sido salvado y Lehman no. En marzo de 2008 comenzó la política errática de salvatajes financieros orquestada entre el Tesoro y la Fed, con el préstamo otorgado al JPMorgan por la Fed de Nueva York. En ese momento, parecía mejor rescatar a Bear y entregárselo al JPMorgan por menos de la tercera parte de su valor antes del salvataje y un 5% del que tenía un año antes.
Pero seis meses más tarde y con dos rescates más en el haber (los de Fannie Mae y Freddie Mac), el gobierno decidió cambiar de política y mostrar firmeza frente a la posibilidad de que las entidades se abalanzaran para solicitar ayuda financiera. El resultado fue muy distinto al esperado: el pánico se instaló en los mercados por una caída generalizada de bancos (todavía se mantiene), con niveles récord de volatilidad.
Los autos fuera del paraíso
Los analistas creen que el Citi es la primera de una serie de entidades que se beneficiarán con el nuevo paquete de ayuda de u$s 700.000 millones. “En mi opinión, hay más bancos que navegan en aguas turbulentas, por lo que espero que sean auxiliados. Las cotizaciones bursátiles dan a entender que grupos como Bank of America podrían ser los próximos en la lista”, sostuvo a la agencia Reuters Michael Farr, director de la consultora Farr, Miller & Washington.
Pero muy distinta es la situación de la industria automotriz. Las “3 de Detroit”, como se conoce a GM, Ford y Chrysler, están en una situación financiera desesperada, con riesgo de que GM entre en cesación de pagos en enero y Ford en julio de 2009. El lobby de estas compañías intentó recientemente que se les otorgue una ayuda de u$s 25.000 millones del paquete asignado al sector financiero. Pero si bien Obama y los demócratas estaban a favor del rescate, hoy la posición dentro del Congreso varió hacia los republicanos, hostiles al salvataje y a favor de que las D3 se declaren en quiebra. “Las compañías no fueron capaces de convencer al pueblo americano ni al Congreso de que esta ayuda será la última”, sostuvo Harry Reid, jefe de la bancada demócrata del Senado.
Por ahora pesa más la idea de varios economistas respecto de que un solo rescate no podrá salvar a una industria poco competitiva. En cambio, los expertos recomiendan dejarlas caer y luego, bajo la protección de la ley de quiebras, permitir que se reestructuren con un costo más bajo. La época en que Charles Wilson (famoso CEO de GM de los años ’50) sostuvo que “lo que es bueno para EE.UU. es bueno para GM, y viceversa”, parece definitivamente haber quedado atrás.
Fuente: El Cronista
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