El súper-real asoma otra vez y Brasil sale a disciplinarlo

lunes, 06 de febrero de 2012

Muchos creían que Dilma esperaría a que el real cruzara la barrera de los 1,70. Pero el viernes Brasil prefirió actuar. Y volvió a intervenir en el mercado de futuros -algo que no hacía desde julio del año pasado- para diluir un rally que vuelve a poner nerviosos a los industriales brasileños y podría fácilmente amenazar la pretensión oficial de crecer 4% este año.

La aparición del banco central de Brasil, sin embargo, no alcanzó para frenar al real, que volvió a apreciarse pese a la movida oficial. La moneda, que sube más de 8% este año y que tuvo en enero su mejor mes desde octubre pasado con un avance de 6,8%, terminó en 1,71 por dólar y cerró su quinta semana consecutiva de apreciación.

Todos coinciden en que Rousseff no se arriesgará a sacrificar la promisoria pero muy incipiente recuperación industrial que se insinuó a fines del año pasado. La producción industrial de Brasil cerró el 2011 con un alza de apenas el 0,3%, tras una expansión del 10,5% en 2010, cuando la economía registró su mayor crecimiento en dos décadas. Pero en diciembre, el indicador avanzó 0,9% respecto del mes anterior, lo que alentó la idea de una leve reactivación luego de un crecimiento nulo de la economía en el tercer trimestre.

Pero en un mundo que empieza a recuperar su apetito de riesgo, el Brasil de Rousseff necesita ponerle el cuerpo al tsunami de dólares que se acerca a sus costas. La avidez de inversores extranjeros por papeles de empresas brasileñas se reactivó al punto de que este año las emisiones en el exterior ya suman más de u$s 12.000 millones, con un nivel de demanda que sobrepasó los u$s 55.000 millones. Durante todo el 2011, las captaciones de compañías brasileñas en el extranjero había ascendido a u$s 38.600 millones. Sólo la colocación de Petrobras, por u$s 7.000 millones, podría despertar una vez más al súper-real contra el que tanto batalló Brasil.

A lo largo del 2011, el banco central buscó combatirlo comprando dólares, lo que engrosó las reservas hasta los u$s 350.000 millones (casi se duplicaron en un lapso de cuatro años). El inesperado giro monetario en la segunda mitad del año, con un recorte de tasas que el mercado no vio venir, provocó un repentino retroceso del real, que desde máximos en 12 años pasó a merodear el 2 a 1 y angustió a una Argentina que se valió de la fortaleza de la moneda brasileña para paliar la pérdida de competividad por la corrosión inflacionaria.

Dilma vendió entonces dólares para evitar una devaluación traumática y, preocupada por la crisis europea, desarmó incluso muchos de los controles e impuestos que se habían levantado para contener esa invasión de capitales que engordaban al real.
Pero hoy la vieja dinámica asoma otra vez. El real volvió a las andanzas. Y Brasil necesita disciplinarlo.

 

Fuente: El Cronista