Es muy probable que el precio del oro siga en alza

miércoles, 03 de agosto de 2011

El implacable ascenso del oro puede continuar siendo una maravillosa oportunidad de inversión resultado de la generalizada pérdida de confianza en las monedas. O el hecho de que el precio se haya cuadruplicado en siete años quizás se deba a los compradores temerosos e ingenuos que ponen su fe en una reliquia bárbara. Esa convicción podría finalmente ser aplastada y provocar fuertes pérdidas, como ocurrió hace 31 años.

Estas visiones opuestas del mundo quedaron al descubierto el mes pasado en el Congreso de Estados Unidos. El representante Ron Paul, un defensor del dinero fuerte y el intelectual favorito de Tea Party, preguntó al presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke si el oro es dinero. Como la respuesta fue ?no?, Paul quiso saber porqué entonces los bancos centrales guardaban tanto del metal precioso. Y la contestación fue: ?Es tradición?. Esa tradición no está muerta; el Banco de Corea acaba de hacer una pequeña compra de oro.

Una rara voz razonable entre las valoraciones extremadamente emocionales y excesivamente racionales sobre el metal amarillo proviene del especulador George Soros, que llamó al oro ?la última burbuja? y tuvo la buena idea de invertir en él mientras los precios todavía estaban de alza. Ya ha vendido la mayor parte.

Las manías de los inversores son rentables para aquellos que se desprenden a tiempo. El problema siempre es detectar el punto más alto. Para el oro, hay buenas razones para esperar más alzas. En estos momentos, el precio está cerca de 30% por debajo de su pico de enero de 1980, ajustado por inflación, y su valor es de una octava parte en relación al mercado de valores de Estados Unidos. Pero otra vez, no hay motivos para que el oro se venda a un precio o coeficiente en particular.

Ya es evidente la clásica advertencia de que el metal llegó a un pico. Observamos el fideicomiso de oro de iShares, que tiene 12 millones de onzas. Tuvo un desproporcionado aumento de compradores chicos: la cantidad de cuentas de menos de 1.000 cuotapartes (100 onzas) se triplicó en el último año, mientras que los grandes son casi los mismos. 
La corrida hacia la salida, cuando se produzca, sin duda será rápida.

Fuente: El Cronista