Política monetaria
lunes, 29 de noviembre de 2010
Acostúmbrese a este apellido: TOM-BI-NI. En los próximos meses, será este señor, Alexandre Tombini, quien comande el Banco Central brasileño y cifre, además del valor del real, el destino del peso argentino.
Los antecedentes señalan que, al menos en el terreno ideológico, Tombini y Mercedes Marcó del Pont, la titular del Banco Central argentino, podrían ser muy buenos amigos. Por un lado, ambos profesan su explícita aversión a los dictados ortodoxos sobre la independencia monetaria y autarquía del banco central. En rigor, ven con buenos ojos una mayor coordinación con el ministerio de Economía. Por otro, ambos son históricos “militantes” del desarrollismo, si bien Tombini tiene sus reparos cuando se trata de la inflación. De todas formas la paradoja está planteada: si Tombini cede a su currículum desarrollista, Marcó del Pont deberá ser menos heterodoxa y más liberal, traicionando su bandera ideológica.
En los últimos años, la receta brasileña fue tipo de cambio flotante, metas de inflación y austeridad fiscal como clave en la política de desendeudamiento. Bajo una lluvia de dólares, y con un impuesto al ingreso de capitales para que el real no siga apreciándose, parece probable que, como sostuvo la presidente electa Dilma Rousseff, Brasil no esté dispuesto a seguir minando la competitividad de su economía.
Lo primero que pide el ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega, es mayor control del gasto público; lo segundo, vigilar de cerca la cotización del real. Mantega quiere menor gasto público para poder bajar las tasas de interés por debajo del 10% anual. Esto permitiría regresar el real a un valor más cercano a los deseos del Palacio del Planalto.
Este escenario es mirado con atención desde el lado argentino. Una devaluación en Brasil pondría en cuenta regresiva la poca competitividad que le queda al peso. En el BCRA creen en el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM), que pondera comercio, y que, bajo los números de consultoras privadas, arroja (aún) que el peso argetino es 77% más barato que en los 90. Sin embargo, 40% del TCRM es propiedad del real brasileño: el resto es dólar y euro. Una depreciación del real impactaría de lleno en la balanza comercial y haría crecer aún más las importaciones. A esto se suma que el circulante emitido por el BCRA creció más del 30% en un año a pesar de que, al mismo tiempo, la deuda que emitió el BCRA para poder comprar los dólares sobrantes aumentó 58%. Tombini tiene la respuesta.
Fuente: El Cronista
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