OPINIÓN
lunes, 15 de marzo de 2010
El autor discrepa con la idea de que la evolución de la cantidad de dinero, por sí sola, funciona como causa básica o "mejor predictor" de la inflación.
En medio de una inflación efectiva preocupante, que registra atisbos de aceleración, la caracterización del fenómeno y de su combate, responsabilidades incluidas, es vital.
En un artículo del 8 de marzo pasado, Federico Sturzenegger toma posición en ese plano. Examinada su nota con atención, parece exhumar una formulación de cuño monetarista o cuantitativista, en la que la evolución de la cantidad de dinero, por sí, juega como causal primordial o "mejor predictor" de la inflación. El título de la nota es ilustrativo: "A mayor emisión, mayor inflación". A su vez, en el ámbito de las responsabilidades, es el Banco Central el principal involucrado, emitiendo.
En definitiva, en los países centrales, se aduce: "Cuando de inflación se trata, se mira únicamente lo que hacen los bancos centrales". Cabe destacar que en el seno de la propia ortodoxia mundial, las poses monetaristas están en retroceso.
En general, en los países centrales, los instrumentos al estilo de una "regla de crecimiento de la cantidad nominal de dinero" o el propio uso de una referencia de cantidad de dinero como gran predictor de la inflación han sido dejados de lado.
Hay, sí, un resabio parcial de esa pose en el esquema de los dos pilares (two pillars) que encara el Banco Central Europeo, que combina el pilar atinente a un indicador de la variación monetaria nominal con otro relativo a un abanico más amplio de variables reales y financieras para seguir el desempeño de los precios. Pero, aun en este caso, el énfasis en el pilar monetario se fue acotando.
En los países centrales, y en otros, domina el esquema del inf lation targeting (IT), en el que el factor referencial por excelencia es la vinculación asumida entre la tasa de interés y el objetivo de inflación, suponiendo un determinado nivel de producto potencial. Por eso, en las elaboraciones teóricas afines, "desaparece" la remisión a una estricta referencia (o ecuación) acerca de la cantidad de dinero.
El vicegobernador del Banco Central de Suecia y relevante teórico de la política monetaria, Lars Svensson, con una gran bibliografía a mano, ha criticado fuertemente el pilar monetario del Banco Central Europeo, por cuanto la conducta de los agregados monetarios, por sí, no establece un nexo riguroso que brinde una información valedera y legítima respecto de la perspectiva inflacionaria. Y, cuando "arrima el bochín" en ese frente, otros indicadores, de naturaleza diferente, también resultaron airosos en materia de referencias inflacionarias. Por eso, Svensson concluye que en la materia conviene contar con un predictor más abarcativo, que integre plurales indicadores de tenor real, financiero y monetario.
Los aspectos analizados son relevantes porque, según sea el grado y la modalidad de atención prestados a la dinámica monetaria, así se perfilaría no sólo la visión sobre la naturaleza del fenómeno inflacionario, sino que también se proyectaría una repercusión crucial sobre la producción y el empleo.
Además, enseguida aparecerían las fórmulas de combate de la inflación, las causalidades e instrumentos aplicables y la responsabilidad que corresponde al Banco Central.
Son puntos clave de cara a una estrategia económica. Siendo la economía capitalista y la nuestra lo es una economía eminente e intrínsecamente monetaria "economía monetaria de producción", decía Keynes , no sorprende la presencia de "correlaciones", con tal o cual rezago, entre el comportamiento monetario y el de los niveles de precios. El quid es si aquéllas, sin más, marcan una referencia exclusivista, fijando prácticamente la relación causal. En ese caso, el remedio sería un Banco Central operando "a solas", restringiendo "al boleo" la evolución de la cantidad de dinero. Por ende, ¿deberíamos repetir, ahora deliberadamente, una recesión interna como la coincidente con la crisis mundial, para así calmar los agregados monetarios, y, por rebote, calmar la inflación, atendiendo al ejemplo citado por Sturzenegger? En lo productivo y laboral, un tal proceder luce harto costoso.
Mejor, entonces, un planteo más integral. Considerando múltiples aspectos: verbigracia, la puja de ingresos, el estadio del ciclo económico y de la demanda, la perspectiva del producto potencial, otorgando, en consecuencia, una respuesta más abarcativa, de la que lo monetario sería un corolario.
Tallarían, así, detrás de una meta de inflación de horizonte gradual declinante, políticas de encuadre de la puja de ingresos, de sintonía fina de la demanda (con especial hincapié en la faz fiscal) y políticas de oferta ad hoc.
Por supuesto, este esquema no es atribución solitaria del Banco Central, si no que reclama una coordinación seria y militante con el Ministerio de Economía. Se trata de no matar al pecador para extirpar al pecado.
Fuente: iEco Clarin
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