El mundo analiza el recorte de alas que Brasil le aplicó a bancos para impedir la fuga de capitales

jueves, 26 de noviembre de 2009

Para el gobierno, una de las razones por las que su sistema financiero resistió la crisis global fue la presencia de subsidiarias lo que permitió a reguladores supervisar los bancos

El sistema financiero brasileño ha mostrado una característica poco usual en los últimos tiempos. A diferencia de lo que ocurre en las economías más grandes, este país ha insistido desde hace unos años en que cualquier banco global que quisiera operar dentro de sus fronteras creara subsidiarias –o sea entidades independientes con capital propio– y no simples sucursales de una sede central.

Hasta hace poco, esto no era bien visto en los círculos bancarios del mundo. Antes de la crisis del crédito, la teoría dominante en los países occidentales decía que los mercados de capitales debían volverse cada vez más globalizados e integrados, lo que implicaba que los bancos debían estar en condiciones de mover libremente su capital por todas partes siempre que quisieran hacerlo, y hacerlo simplemente apretando una tecla de computadora, sin necesidad de cruzar fronteras.

Pero ahora la posición de Brasil está siendo debatida en otros países. Esto se debe a que los funcionarios locales consideran que una de las razones por las cuales su sistema financiero resistió relativamente bien la reciente crisis fue que la presencia de las subsidiarias permitió a los reguladores brasileños mantener bajo supervisión a los bancos, además de evitar cualquier súbita fuga de capitales.

“Esta política nos ha servido”, señaló la semana pasada en Europa un funcionario brasileño del sector financiero. Ahora la cuestión es ver si otros países seguirán el ejemplo e impondrán una política similar que instale vallas en torno a los bancos.

Por supuesto, esto es algo que el sector bancario detesta. Algunas entidades globales, como el HSBC o el Santander, tienden a operar con una estructura de subsidiarias, pero la mayoría de las demás no lo hacen, y suelen argumentar que imponer restricciones nacionales a los bancos es algo que se opone a la globalización, además de encarecer el costo del capital.

Sin embargo, una razón por la cual este concepto es visto ahora de manera diferente es que el colapso de Lehman Brothers mostró los problemas que enfrentan los reguladores cuando tratan de recuperar los activos de un banco cuando estos pueden cruzar las fronteras sin ningún control. En el caso del Lehman, miles de millones de dólares salieron de Londres justo antes del derrumbe y los abogados británicos todavía están tratando de recuperarlos.

Precisamente por eso los miembros de mercados emergentes del Grupo de los 20 (G-20) respaldan ahora la idea de los llamados “testamentos” de los bancos –como se denomina a los potenciales planes que los bancos deberían tener, en los que estaría incluido el proceso a seguir para disolverse a sí mismos en caso de crisis. Son varios los países que han comprendido que si los activos están controlados por estas vallas, esto hace mucho más difícil para los bancos globales huir en caso de conmoción.

Por supuesto, como señalan algunos directivos bancarios, estas vallas tienen un precio, ya que el capital sería menos eficiente y, en consecuencia, más caro. Sin embargo, en un momento en que el mundo todavía está tambaleando por tener que pagar el costo de contar con mercados de capital globales que parecían conectados de manera perfectamente fluida, esto no parece tan grave.

Sea como fuere, vale la pena estar atentos a lo que ocurre con los controles y los “testamentos” de los bancos, no sólo en naciones como Brasil sino también en el resto del sistema financiero global.

Fuente: www.cronista.com