martes, 24 de noviembre de 2009
A fines del siglo XVIII Adam Smith discutía sobre "la mano invisible del mercado" y ahora los economistas debaten si existe o no "la mano caliente" en el basquet.
La economía ya no es lo que solía ser. A fines del siglo XVIII Adam Smith discutía sobre "la mano invisible del mercado". Ahora, los economistas pasan su tiempo debatiendo si existe o no "la mano caliente" en el basquet.
Así están las cosas. En los últimos años, los deportes profesionales se convirtieron en una fenomenal cantera de datos para que los economistas estudien pautas de comportamiento y toma de decisiones en contextos de alta competencia. Lo que los académicos llaman "experimentos naturales", que permiten hacer observaciones sin tener que recrear condiciones en un laboratorio.
Una conclusión que surgió de estas investigaciones habla de lo pésimos que somos los seres humanos para calcular probabilidades. La economía neoclásica siempre armó sus modelos suponiendo que la gente calcula en forma prodigiosa. La economía del comportamiento -que se nutre de aportes de la psicología- demostró que esto no es así. Y aquí es donde entran a jugar los deportes.
En basquet, cualquier jugador profesional está dispuesto a jurar que existe "la mano caliente": los compañeros de equipo le pasan la pelota para definir a quien viene "en racha", embocando varios tiros seguidos. "Existe la mano caliente", dijo a Clarín Luis Scola, ala pivot de la Selección y de los Houston Rockets de la NBA, "no como una intervención divina que te hace meter todas las pelotas, sino como una situación de confianza creciente que hace que el jugador suba su nivel".
"Hay que imaginarse un partido en el que un jugador entra a la cancha y mete tres tiros seguidos, en su cabeza piensa `tengo margen, puedo errar, puedo arriesgar’, y así las cosas van saliendo mejor. En cambio, si erra los primeros tres, piensa que lo van a sacar si se equivoca, se generan dudas y es donde peor se rinde", cuenta Scola.
Para los economistas del comportamiento, la "mano caliente" es un mito. En una famosa investigación, el psicólogo israelí Amos Tversky repasó estadísticas del equipo Philadelphia 76ers. y descubrió que no existía "evidencia de correlación positiva entre el resultado de tiros sucesivos". Esto es: quien venía de embocar varias pelotas seguidas no tenía más chance de encestar que otro jugador que venía errando.
Tversky, ya fallecido, relacionó este sesgo congnitivo con lo que se denomina "la falacia del apostador": hay quienes confían en derrotar al casino con un "método" que consiste en esperar que salga varias veces seguidas un número colorado y luego apostar fuerte a blanco. Las probabilidades de que salga esta opción son del 50%, no suben o bajan en relación a su trayectoria previa.
Recientes revisiones sobre el trabajo de Tversky encontraron una falla: se asumen las series de tiros como puramente azarosos, sin interdependencia, cuando en la realidad el "efecto confianza" que marcaba Scola hace que no lo sean. Punto para los Rockets en al partido de la economía insólita.
Fuente: www.ieco.clarin.com
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