lunes, 16 de noviembre de 2009
La creciente demanda por parte de bancos centrales abrió el apetito de los inversores. Pero lo que hay que atender es a la composición de las reservas.
Si hay un commodity que perdure más que la vida, sin duda es el oro. La semana pasada, se vieron en pleno la cualidades mágicas y míticas del dorado metal. El apetito creciente de los bancos centrales por lingotes alentó la añoranza del patrón oro como también a los defensores de una era posdólar en el sistema monetario mundial. Sin embargo, la verdad es que muestra qué tan temerosos son los que trazan políticas económicas.
Para el mercado del oro, la decisión que tomó el Banco Central de la India de llevarse 200 toneladas de lingotes del FMI equivale a un terremoto. El acuerdo bilateral puede bajar a la mitad la suma que el FMI originalmente había planeado trasladar al mercado abierto: 400 toneladas o el 11% del suministro mundial anual.
Igual de importante es saber si otros seguirán a la India. También se supo que Sri Lanka estuvo comprando oro, pero en cantidades insignificantes -los analistas calculan una cinco toneladas-; sin embargo, es de destacar si es que se trata del inicio de una tendencia. A los foros de commodities los abrasa la idea, sin duda mucho más apetecible, de que China la siga. Sin embargo, fuera de las filas de los que negocian oro se considera que estas son especulaciones fútiles.
Haga a un lado la pregunta de si ésta es una señal de precios permanentemente más altos para el oro o si es una advertencia de que los bancos centrales se tientan con facilidad porque hay inversores que compran a un precio elevado (el oro alcanzó la cotización más alta hasta el momento, cuando llegó a 1100 dólares) y venden barato (el Reino Unido vendió oro la década pasada cuando el precio era dos tercios inferior).
El hecho es que lo que es importante en el mercado del oro es una pizca en las reservas. La compra de la India, por 6.700 millones de dólares, afecta con insignificancia la asignación de sus 277.000 millones de dólares en reservas. Incluso si China doblase sus existencias de oro, lo que exigiría casi la mitad de la producción minera global, elevaría a menos de un 4% la participación del oro en sus reservas.
Los bancos centrales tendrían que comprar lingotes por cantidades mucho más importantes, a fin de diversificar sus activos significativamente. Aun si lo hicieran, no modificarían el hecho de que cuanto más importante sea la tenencia de uno, más bajará el precio cuando uno trate de servirse de ella. Los países superavitarios están atrapados tanto por la cantidad como por los valores de la moneda en la que tienen sus reservas.
Estos movimientos del oro no hacen mella en el crecimiento monstruoso de las reservas de los Estados superavitarios, en especial, en Asia significa que tampoco hacen nada para tratar los desequilibrios macroeconómicos mundiales por los que los líderes aparentan estar preocupados. El Grupo de los 20 se comprometió a buscar modos para reducir los desequilibrios, sin embargo, todo lo que hacen algunos bancos centrales del Asia es volver a la gestión del riesgo más conservadora de la Economía.
La acción verdadera significa tomar decisiones políticas difíciles: ahorrar menos y expandir mucho los contratos de swap. Por último, es posible que sea necesaria una cooperación mucho más estrecha en materia monetaria, una alianza de soberanía que unos pocos países parecen estar preparado para meditar.
Fuente: www.cronista.com
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