jueves, 12 de noviembre de 2009
La participación de los préstamos subprime volvió a alcanzar el 20% del total de los nuevos créditos otorgados en USA. A pesar de la crisis y de la quiebra de millones de particulares, hay entidades que vuelven a prestar como antes.
Si se observa el último informe de la Reserva Federal sobre el mercado del crédito en Estados Unidos, uno podría concluir a primera vista que la crisis subprime fue gatopardismo puro. Es decir, una gran declamación de que todo tenía que cambiar para que luego las cosas siguieran igual. De acuerdo con la Fed, el mercado de créditos de baja calidad volvió a alcanzar el 20% del total de los nuevos préstamos otorgados en EE.UU., un nivel similar al que tenía antes de que estallara la crisis subprime. Después de 2 años de debacle financiera mundial, ¿estamos volviendo al mismo punto de partida?
John Krainer, economista de la Fed de San Francisco y autor del informe, confirma que “la parte de los tomadores de préstamos sin garantías de pago sólidas superó nuevamente la barrera del 20%”. Suficiente como para preguntarse qué puede pasar de ahora en más si este segmento vuelve a ocupar un lugar preponderante en el mercado.
Sin embargo, cuando se analiza con mayor detalle este renacer de los créditos subprime, se comprueba que, en términos absolutos, los volúmenes transados son muy inferiores a los precrisis, porque todo el mercado crediticio se redujo de manera significativa. “La emisión de hipotecas se ha desacelerado considerablemente en los últimos 2 años. De acuerdo con los datos de flujos de fondos de la Fed, la toma de préstamos hipotecarios por parte de los particulares cayó cada trimestre desde principios de 2006 y hoy es negativa por primera vez desde los años ’70. Es difícil separar el rol jugado por la demanda decreciente de hipotecas respecto del de la caída en la oferta. Distintos informes de préstamos han demostrado que la demanda de créditos no paró de caer durante la recesión. Los problemas de oferta de crédito, por su parte, aparecen como el mayor inconveniente que afecta al mercado inmobiliario”, sostiene el informe de la Fed.
Como si fuera una película de terror serie B, los analistas estadounidenses anticipan el regreso al mercado de los tomadores de créditos “NINJA” (“No income, no job, no assets”, es decir: “sin ingresos, sin trabajo y sin activos”). Estos particulares que en condiciones normales nunca hubieran podido calificar para obtener un préstamo, a partir de 2002 se convirtieron en los clientes más apetecibles para los bancos.
Después de la crisis de las compañías punto com (en el 2000) la Fed decidió reducir su tasa de interés de referencia a 1% (en 2003) para que la economía se recuperara más rápido, por lo que los bancos se encontraron con una liquidez fenomenal que sólo pudo ser canalizada abriendo las puertas del crédito a personas de menores recursos. Nunca antes hubo tal divergencia entre los objetivos de los departamentos comerciales de los bancos, que se peleaban por captar la mayor cantidad de tomadores posible, y los de los departamentos de cobranzas, que cuando las tasas comenzaron a crecer, tuvieron que lidiar con un incremento explosivo de la morosidad y la incobrabilidad.
Pero hoy, el regreso de estos créditos subprime no parece espantar a la Fed. Es más, el informe exhibe como un hecho tranquilizador que el mercado esté concentrado en un 95% en entidades públicas como Fannie Mae, Freddie Mac y Ginnie Mae. Pero hace apenas un año, estos organismos casi se van a la quiebra (al igual que Lehman Brothers) tras participar en la reventa de las hipotecas que compraban a los bancos como entidades de segundo piso.
“Hay que entender que los subprime de ayer no pueden ser comparados con los de hoy. Estos nuevos subprime son una herramienta de política económica del gobierno para contener la fuerte caída del mercado inmobiliario. Además, están garantizados por el Estado”, afirma el economista. En ese sentido, la diferencia es notable, ya que antes el 40% del mercado estaba en manos de entidades financieras distintas de los bancos y de estas 3 hipotecarias.
Por lo que el mercado se había convertido en un verdadero casino en el que brokers e intermediarios inmobiliarios se habían puesto a emitir estos títulos, que luego eran securitizados bajo formas poco transparentes. Y en definitiva, estas securitizaciones fueron las causantes del fenomenal incremento del riesgo que terminó provocando la crisis que ya todos conocemos.
Los nuevos créditos de baja calidad tienen hoy como principal característica que ya no están más securitizados, por lo que se desactiva el principal mecanismo de contagio de la crisis subprime. Esto significa que, a diferencia de antes de que se desatara la burbuja especulativa en el mercado inmobiliario, estos créditos ya no son más revendidos bajo la forma de paquetes de hipotecas a otros inversores que reciben las acreencias y los riesgos asociados. El juego de la “mancha venenosa” en que se había convertido la securitización de hipotecas pierde su mayor transmisor y se reduce otra vez a su función primaria, que es la de ayudar a familias (en este caso de bajos recursos) a mejorar el acceso a la vivienda. La idea funciona, siempre y cuando la actividad económica no vuelva a caer.
Fuente: www.cronista.com
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