A pesar de sus intentos, el Gobierno no logra escaparle a la sombra del FMI

martes, 10 de noviembre de 2009

Los esfuerzos de Boudou en Escocia no bastaron para eludir las revisiones que exige el Fondo.

Como si se tratara del tramo actual del campeonato apertura de fútbol, el Gobierno llegó a Escocia este fin de semana con la expectativa de aprovechar la reunión del Grupo de los 20 para sacarle algunos puntos de ventaja al FMI y así quitarse de encima una sombra que no lo deja vivir en paz. Pero las cosas no resultaron como se esperaba y el organismo volvió a tomar la punta, relegando a la Casa Rosada a seguir corriendo de atrás. ¿Cómo se traduce esto en términos prácticos? Que Amado Boudou hizo todos los esfuerzos que tuvo a su alcance pero no le alcanzó para sumar de a tres y desmarcarse.

Por ejemplo, se reunió por enésima vez -en esta ocasión en Saint Andrews- con el titular del FMI, Dominique Strauss-Kahn. Desde que asumió como ministro hace apenas tres meses, una de sus ocupaciones centrales fue ir "ablandando" al francés para arrancarle la promesa de que la Argentina recibirá un tratamiento especial y que la supervisión que establece el artículo cuarto del estatuto no incluirá comentarios sobre las políticas aplicadas por el Gobierno. Pero no hubo caso. El francés no cedió ni un centímetro, pese a que Boudou lo presenta permanentemente como un aliado.

Por otro lado, Boudou apuntó también la artillería para lograr que el Fondo quedara excluido del esquema de supervisión recíproca que los miembros del G-20 se comprometieron a aplicar en la reunión de setiembre último el Pittsburg. Pero el documento final que emitieron los ministros y los banqueros centrales fue lapidario: no sólo dejó al FMI en el centro de la escena para articular la información que deberán proveerle los países, sino que además estableció un calendario preciso para poner las cartas sobre la mesa. A fin de enero de 2010 la Argentina tendrá que haber entregado al organismo los datos que le viene gambeteando desde hace tres años.

La otra jugada que ensayó Boudou en la campiña escocesa para despegarse del FMI tampoco prosperó. Consistió en tratar de seducir a los países acreedores de la Argentina con la propuesta de pagar los US$ 6.700 millones adeudados al Club de París (en cuyo equipo juegan los mismos países ricos que están en el G-20) mediante un bono especial, que le permitiría eludir el requisito escrito de un acuerdo previo con el Fondo. Antes de irse al entretiempo, rivales como EE.UU., Alemania, Italia y Japón, ya habían dejado conocer su disgusto ante esa idea. Y el ministro argentino retrocedió hasta su propia área, desautorizándose a sí mismo y a un comunicado oficial que había difundido la Casa Rosada antes de su viaje. "Nunca pensamos en un bono", dijo. Gol en contra.

Así fue como se diluyeron los tres avances que Boudou intentó aquí este fin de semana. El mismo comentó, con sospechosa candidez, que no entendía por qué la relación con el FMI y la revisión del artículo 4 adquirían tantos "ribetes futboleros" en la Argentina, cuando para otros países era algo rutinario.

En su análisis dejó afuera un detalle fundacional: la tribuna y la hinchada para este partido la puso el propio Gobierno, cuando Néstor Kirchner decidió en enero de 2006 pagarle de un saque US$ 9.500 millones al FMI para sacárselo de encima para siempre. Desde entonces se jugaron muchos minutos adicionados (o recuperados, como se dice ahora en la TV oficial) durante los cuales el contexto fue cambiando.

Ahora la Argentina tiene bloqueados los avances en algunos temas relacionados con su intención de regresar a los mercados para conseguir créditos. Frente a esto, parece que sólo le queda una jugada de pizarrón: que el canje de la deuda en default sea un éxito tan grande como para demostrar que se puede ser confiable sin necesidad de someterse al antidóping del Fondo. Eso sería un gol de media cancha.

Fuente: www.ieco.clarin.com