El real no se deja doblegar y en Brasil ya se habla de nuevas medidas

lunes, 09 de noviembre de 2009

Brasil evita la "atracción" de capitales

Atracción fatal. Como la película que signó los ochenta con una Glenn Close convertida en pesadilla. Así eligió llamarlo Guido Mantega la semana pasada frente a una platea de empresarios e inversores en Londres. “Tenemos que evitar una ‘atracción fatal’ de capitales extranjeros”, dijo el ministro Hacienda de Brasil, tras lanzar que si no fuera por la sobrevaloración del real, hoy Brasil sería aún más competitivo que China.

Es precisamente esa atracción fatal la que obligó al Banco Central a adquirir más de u$s 20.000 millones desde mayo de este año y la que hace poco convenció a Lula de imponer nuevamente un impuesto al ingreso de fondos al país para tratar de detener la marcha del real y suavizar una apreciación que pesa cada vez más sobre las espaldas de los productores locales.

Pero está claro que el real no se deja amedrentar fácilmente. La moneda -que sube un 35% este año- cerró la semana con una ganancia del 2,3% hasta 1,71 por dólar y parece reírse en la cara de las autoridades. De hecho, desde el 19 de octubre, el día que el Gobierno anunció que gravaría con un 2% las inversiones en bonos y acciones, el real logró arañar un mínimo pero desafiante avance del 0,1%. El shock que puede haber generado la medida en un primer momento claramente se está evaporando y la atracción hoy empieza a verse más fatal que nunca.

Versiones al por mayor

Con un “impuestazo” que terminó resultando más bien impotente, hoy circulan por la prensa local todo tipo de versiones sobre eventuales medidas adicionales, una suerte de as bajo la mano de la administración en esta pulseada con el real.

El abanico va desde una próxima emisión en los mercados internacionales de bonos denominados en reales para contener el flujo de dólares hacia el país hasta la posibilidad de permitir a los inversores extranjeros que compren activos brasileños sin pasar por el mercado de cambios para que no deban ingresar sus dólares.

También se menciona la eventual autorización para que los ahorristas domésticos abran cuentas en dólares en los bancos locales. Sin ir más lejos, el propio presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, deslizó lo que podría ser una próxima medida al comentar la semana pasada que se están realizando estudios para remover los “impedimentos artificiales” a la salida de monedas extranjeras, algo que buscaría atender la otra punta del problema.

A contramano de estas medidas, el Gobierno sí haría una salvedad en su cruzada contra el aluvión de dólares hacia Brasil al eximir del nuevo impuesto a los fondos que estén destinados a nuevas salidas a bolsas.

La más sobrevalorada

Pero Lula no está exagerando. El real brasileño es hoy la moneda más cara de la región según Goldman Sachs, con una sobrevaloración de casi 50% en términos de dólares y del 20% contra el euro. El banco estima que el valor de equilibrio de la moneda, que hoy cotiza en torno a 1,70 por dólar, debería ser de 2,62. “Brasil es una economía excepcionalmente fuerte en relación a la mayoría de los países a nivel global, lo que hoy garantiza una moneda sobrevaluada y de hecho, nosotros anticipamos que se apreciará aún más”, le comentó a El Cronista Thomas Stolper, estratega cambiario de la entidad en Londres.

En el mapa de la región, de hecho, el real se encuentra exactamente en las antípodas del peso argentino, que es hoy por hoy, según los modelos de Goldman, la moneda más barata de la región. El peso está subvaluado en casi un 30%, ya que su “fair value” se ubica en 2,72 pesos por dólar.

Pero más allá del debate sobre el valor de la moneda, el impuestazo generó cierto escalofrío. Es el caso de Marcelo Carvalho, economista jefe de Morgan Stanley en Brasil, quien asegura estar más preocupado por la señal que envió este nuevo impuesto que por el real. “Dudamos que la nueva medida por sí sola pueda alterar los factores subyacentes que hoy motorizan la apreciación del real. En cambio, genera preocupación en cuanto a tensiones internas dentro la administración, incertidumbre regulatoria y un potencial giro de política que se aleja de la ortodoxia para moverse hacia un enfoque más intervencionista”, asegura. Suena muy K, salvando por supuesto las distancias.

Fuente: www.cronista.com