La asombrosa recuperación de Wall Street podría terminar siendo pura espuma

lunes, 09 de noviembre de 2009

El indicador pasó en 7 meses de los 6.500 puntos a superar los 10.000 puntos. Pero si se compara la suba con el oro o el euro, tiene una gran parte de especulación financiera

Siempre se sostiene que cuando una economía entra en recesión o sale de ella, los primeros en reaccionar son los mercados financieros. Y frente a lo que se vive desde el segundo trimestre de 2009 con respecto al final de la crisis financiera y la recuperación de la economía de EE.UU., parecería que el fenomenal incremento del índice Dow Jones –54% entre marzo y noviembre de 2009– sería la señal que todos estaban esperando una fuerte reactivación económica.

El rebote del Dow Jones llama más la atención cuando se analiza cómo se derrumbó durante los 12 meses anteriores (de los 12.000 puntos en marzo de 2008 a 6.600 en marzo de 2009), por lo que la curva en forma de V, que es una figura típica de una fuerte recuperación, alienta a todos a creer que lo peor ya pasó. Sin embargo, hay varias señales que dan cuenta de que esta recuperación de la bolsa de Nueva York tiene bastante de reactivación económica y una buena parte de especulación financiera, similar a la que infló la burbuja en el mercado inmobiliario.

En primer lugar, nadie hubiera apostado un sólo dólar a principios de 2009 a que la bolsa se recuperaría tan rápido y tan fuerte. Pero este espectacular rebote no se explica si no se evalúa cuál fue la política monetaria de la Reserva Federal (Fed) para enfrentar la crisis subprime y evitar una depresión económica similar a la vivida en 1930. El cambio de expectativas de los inversores y operadores se debe principalmente a la política de emisión masiva de dinero. La Fed, en coordinación con los demás bancos centrales, puso en marcha la estrategia del “Quantitative Easing” (Relajamiento cuantitativo), que entre todos inyectó la suma récord de u$s 12 billones (equivalente a la quinta parte del PIB mundial anual) para apuntalar a bancos, empresas y particulares, y evitar así una seguidilla de bancarrotas en cadena. Con estos fondos se rescataron miles de millones de activos tóxicos, se garantizó buena parte de la deuda corporativa y se brindó liquidez a muy bajo costo para impulsar los mercados bursátiles y el crédito.

Nadie discute que las medidas permitieron evitar una depresión económica mundial similar a la vivida 80 años antes, pero los efectos de esta política no tardarían en manifestarse en el resto de la economía. Y como siempre sucede, en primer lugar se hicieron notar en la bolsa, impulsando la suba de estos últimos 8 meses. Es así que el valor de los activos de los mercados bursátiles no pararon de crecer, con el objetivo de generar de esta forma el “efecto riqueza” en el resto de la población para que tome confianza y vuelva a consumir, una variable fundamental en la economía de Estados Unidos –el consumo explica el 70% del PIB estadounidense–. Por eso esta suba vivida desde marzo hasta la fecha queda registrada entre las 6 mayores de la historia de Wall Street (la suba posterior a la debacle iniciada con el crack de 1929 fue del 94%, entre julio y octubre de 1932). El gobierno no dejó de “alimentar la caldera” de la economía para mostrar que se podía pasar otra vez por encima de la barrera psicológica de los 10.000 puntos, objetivo alcanzado durante el mes de octubre. En ese sentido, la suba estuvo liderada por las acciones de consumo masivo, tecnología e industriales, papeles que normalmente tienden a crecer cuando la economía se recupera. Pero a pesar de lo impactante del rebote del Dow Jones, no todo lo que brilla es oro en Wall Street, en el doble sentido del término.

Las odiosas comparaciones

Cuando se mide el rendimiento del índice líder de la bolsa de Nueva York contra otras inversiones que hayan mostrado bastante seguridad (y se hayan utilizado como valores refugio) en estos últimos meses, como el oro o el euro, por ejemplo, se comprueba que la suba del Dow no es tan espectacular como parece a primera vista. En relación al valor del oro, el Dow Jones cotiza cerca de las 9,5 onzas, nivel similar al que tenía a principios de 2009, cuando el índice se ubicaba en los 8.200 puntos. De esta forma se podría confirmar que más de la mitad del ciclo alcista del Dow a partir de marzo (específicamente 1.800 puntos de una suba de 3.500) se deben a especulación pura y no a resultados reales fruto del mayor crecimiento económico (el tercer trimestre de este año cerró a una tasa del 3,5% del PIB, señal de que la economía se recupera pero que este dato solo no alcanza para explicar la suba de la bolsa).

¿Cómo se explica esta diferencia? Simplemente por la política monetaria super expansiva llevada adelante por la Fed, que de paso alimentó la especulación en los mercados financieros. En pocas palabras, una nueva burbuja de precios motorizada por la emisión de dinero. Y que puede traer como consecuencia directa a la economía de Estados Unidos mayores presiones inflacionarias, porque parte de esa especulación va a parar también a los mercados de commodities. Y que puede llevar otra vez al precio del barril de petróleo por encima de otra barrera psicológica, la de los 100 dólares. Por lo visto, la volatilidad seguirá presente en los mercados financieros por varios meses más.

Fuente: www.cronista.com