El final de la supremacía del dólar aún tendrá que esperar

lunes, 26 de octubre de 2009

Los paralelos con la decadencia de la libra británica después de la Primera Guerra pueden ser prematuros, más allá de la persistente debilidad de la moneda estadounidense

“El dólar es nuestra moneda, pero también es vuestro problema”, la célebre frase que pronunció John Connelly, secretario del Tesoro de EE.UU. en los años ’60, es cada vez más una realidad para el resto del mundo. Porque nadie sabe qué hacer con el dólar y su interminable depreciación contra el resto de las monedas, salvo algunas pocas excepciones como el peso argentino o el yuan chino. El problema no es nuevo pero con la crisis financiera subprime se ha recrudecido. La necesidad del gobierno de Barack Obama de aumentar el gasto público para financiar los paquetes de rescate a empresas y particulares ejerce una presión muy fuerte sobre la carga de la deuda pública. Esta creciente desconfianza se percibe en las menores tenencias de dólares por parte de los bancos centrales. Y si bien los inversores todavía siguen comprando Bonos del Tesoro, la demanda tiende también a decrecer.

Es bastante común leer últimamente comentarios de analistas recordando que la supremacía de las monedas de reserva no es eterna. De hecho está como antecedente más cercano la decadencia de la libra británica después de la Primera Guerra Mundial. En el caso de la libra, el excesivo nivel de la deuda pública británica, contraída durante la guerra, terminó de desbancar a la moneda, que ya venía sufriendo por una caída en el superávit comercial, la decadencia política del imperio británico y la competencia de EE.UU. como nueva potencia económica. En ese sentido, la deuda pública estadounidense sirve como paralelismo para imaginarse el fin del dólar como moneda de referencia, así como la sensación de que la “pax americana” podría estar llegando a su fin. Pero el problema es ¿qué moneda puede tomar la posta del dólar hoy en día?

El euro, que es el princip

al retador desde 1999 a esta parte, no cuenta con una deuda unificada, ya que cada país miembro de la zona euro tiene independencia en esta materia. Y así como el Bono del Tesoro de EE.UU. es sólo uno, en Europa los inversores tienen que elegir entre una gran cantidad de alternativas, que van desde la solidez del Bund alemán hasta el Buono italiano, que este año perdió su calificación AAA. Pero los distintos gobiernos europeos tampoco desearían ver al euro convertido en principal moneda de referencia, ya que la llegada de capitales que esto conllevaría apreciaría aún más el tipo de cambio, castigando las exportaciones y la balanza comercial.

China, país al que todos los economistas consideran como el verdadero competidor político y económico de EE.UU. para los próximos 40 años, tampoco puede reclamar para sí el cetro, ya que el yuan todavía no es una moneda convertible, y la expectativa es que no lo sea por varios años más. Del real brasileño tampoco se puede esperar nada en este sentido, dado el limitado peso relativo de Brasil en el comercio internacional. Y la última alternativa, que sería la propuesta por el gobierno chino, de crear una nueva moneda de referencia (cuyo valor estaría formado por una canasta de divisas), tampoco es realizable dado el tamaño del mercado cambiario mundial, cercano a los u$s 3 billones diarios.

¿Qué puede pasar entonces durante 2010 con el dólar? Se espera que el año próximo se sientan los efectos del paquete de rescate de Obama y la economía vuelva a crecer. Pero esto no es condición suficiente para solucionar el problema de la deuda pública y del riesgo de que se dispare la inflación cuando se reactive la economía. Sin embargo, EE.UU. puede contar además con sus consumidores, que si bien deberán hacer dieta en el corto plazo para bajar su nivel de deuda privada, siguen siendo los motores de la economía mundial. En síntesis, a pesar de que el dólar siga con su lento declive, el final de su supremacía no ocurrirá tan pronto.

Fuente: www.cronista.com