lunes, 19 de octubre de 2009
Es un banquero texano y se llama Andrew Beal. Acaba de saltar a la fama en el ranking de millonarios de la revista Forbes por haber invertido en activos tóxicos cuando todos querían deshacerse de ellos.
La teoría económica sostiene que las dos únicas certezas son la muerte y el pago de los impuestos (por lo menos en EE.UU., donde se construye buena parte de esa teoría), hechos que en cierta forma “democratizarían” las diferencias a nivel socioeconómico, ya que tanto ricos como pobres no pueden evitarlos. A la luz de la reciente crisis financiera mundial, habría que agregar una tercera certeza: las pérdidas sufridas por todos a causa de la hecatombe subprime, en la que según la revista Forbes, los millonarios de EE.UU. perdieron un 19% de sus fortunas hasta los u$s 1,27 billones. En esta debacle, hay inversores como Warren Buffett que vieron su riqueza derretirse en unos u$s 10.000 millones, pero lo más llamativo del ranking Forbes 400 (listado de los estadounidenses más ricos) son los millonarios que no sólo lograron preservar sus fortunas, sino que las incrementaron contra todo pronóstico.
En esa especie de ranking paralelo se destaca este año un banquero, lo que para muchos es una cruel paradoja del destino, es decir que una crisis financiera le permita a gente del riñón incrementar su fortuna. Andrew Beal, propietario del Beal Bank de Texas, logró triplicar su patrimonio hasta los u$s 4.500 millones –fue el millonario que más incrementó su fortuna– gracias a su olfato financiero y a su irrefrenable pasión por las apuestas. Porque este gran jugador de poker (forma parte de “La Corporación”, que reúne a los mejores jugadores del mundo), se animó a ir contra la corriente y a convertirse en “devorador de activos tóxicos”, como lo describió Forbes, cuando todos querían deshacerse de ellos, luego del colapso del banco Bear Stearns en marzo de 2008. Para Beal, que en febrero de 2006 llegó a ganar u$s 13 millones en una mano de poker para luego perder u$s 16 millones en la siguiente, estaba claro desde el principio que el mercado de hipotecas de baja calidad iba a estallar en algún momento.
Pero su historia como “devorador” había empezado varios años antes, comprando inmuebles en pésimas condiciones para repararlos y luego obtener ganancias revendiéndolos o alquilándolos. Su vocación de banquero comenzó en 1988, en el pico de otra crisis financiera como fue la de la quiebra de las cajas de ahorro y préstamo, en la que desaparecieron unas 700 entidades con un costo de rescate para el gobierno de u$s 150.000 millones. Allí fundó el Beal Bank, con el que se especializó en la compra de préstamos de baja calidad que otros bancos querían desprenderse, a tasas bajas para luego exprimirles su ganancia.
Sin embargo en 2004 (cuando ya era un boom el mercado hipotecario de EE.UU.), prefirió bajarse de la ola y esperar a que la burbuja estallara. “Beal redujo los activos de su banco porque creyó que los créditos iban a estallar. Redujo su personal a la mitad y pasó el tiempo jugando al backgammon o en las carreras de autos. Se tomó largos almuerzos con amigos, hablando con ironía sobre los ‘créditos estúpidos’”, escribió la revista Forbes. Por supuesto, su apuesta era riesgosa, pero la caída de Bear Stearns le dio la razón 4 años más tarde.
A partir del segundo trimestre de 2008, con la liquidez que había acumulado se dedicó a comprar de nuevo. Eran momentos en los que la crisis se profundizaba y los bancos se desesperaban por sacarse de sus balances el lastre de los activos securitizados con hipotecas subprime y de deuda corporativa, cuando se encontraban en sus valores más bajos. Pero al mismo tiempo, Beal, de 56 años, se puso a prestar dinero a empresas en problemas a tasas muy elevadas al convertirse en un prestamista de última instancia. Esta combinación, más el hecho de que los mercados y el valor de los activos se recuperaron, fue lo que este año le permitió ascender en el ranking Forbes del puesto 321 al 52.
Otros afortunados (en el doble sentido del término) como Beal fueron Isaac Perlmutter, CEO de la compañía Marvel Entertainment (productora de historietas), cuyo patrimonio creció en u$s 1.500 millones luego de que la empresa fuera adquirida por Walt Disney Company. El cofundador de la agencia Bloomberg, Charles Zegar, también está en esta lista, con u$s 1.000 millones de ganancia, así como Jack Dangermond, fundador de ESRI (software de mapas), quien agregó u$s 2.000 millones a su fortuna personal luego de que se dispararan las ventas de GPS y mapas digitales. Un dato sugestivo lo aporta Forbes: 50 de este selecto club de millonarios que evitaron pérdidas durante la debacle subprime lo lograron en dos de los sectores a través de los cuales llegó la crisis: hedge funds e inmuebles.
Fuente: www.cronista.com
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