¿Acumular o no acumular reservas? El debate con el FMI

lunes, 19 de octubre de 2009

El titular del Fondo Monetario y el director de Investigaciones Económicas del organismo propusieron dejar de acumular reservas y ofrecieron créditos contingentes. Economistas argentinos sostienen que al país le conviene el mecanismo.

No fue un funcionario de segundo rango sino el propio director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, quien declaró, en el cierre de la reunión realizada en Estambul, que dos reformas en la que está trabajando el Fondo están vinculadas con el controvertido tema de las reservas.

Entre “las Decisiones de Estambul” figuran, según Strauss-Kahn, “evaluar la forma de aprovechar el éxito de la Línea de Crédito Flexible (LCF) y brindar un mecanismo de seguro a un mayor número de países como prestamista de última instancia”. Y “estudiar si los instrumentos de financiamiento reforzados del FMI, como por ejemplo la LCF, podrían ayudar a atacar el problema de los desequilibrios mundiales, aliviando la necesidad de los países de autoasegurarse contra las crisis mediante la acumulación de abundantes reservas”.

Para la Argentina el tema no es nuevo. A fines de agosto, en las Jornadas Monetarias y Bancarias del Banco Central, el director de Investigaciones Económicas del FMI, Olivier Blanchard, criticó la política de acumulación de reservas e incluso los intercambios de monedas acordados con China y Brasil, que lleva adelante el Banco Central de la Argentina, y planteó que era más conveniente y barato contar con un “seguro de liquidez”, como el que otorga el propio FMI.

El titular del Banco Central, Martín Redrado, le respondió a Blanchard. “Somos conscientes de que, como manifestó Olivier Blanchard, la acumulación de reservas no es un first best (la mejor alternativa). Pero no debemos soslayar el valor de la disponibilidad automática de los recursos para defender la estabilidad monetaria y financiera”. Y agregó: “Son un mecanismo de autoseguro por los eventuales shocks que se puedan enfrentar. Y estamos dispuestos a usarlas en los dos sentidos: acumularlas, pero también venderlas”, dijo.

Para el economista Eduardo Curia, la recomendación de Strauss-Kahn “debe rechazarse tajantemente. Por de pronto, el “rol moderador de impactos” de la acumulación de reservas funcionó rápida y aceptablemente en el mundo en esta última crisis, mientras algunos procedimientos vinculados con aquella recomendación – como las Líneas de Crédito Flexibles — se crearon precipitadamente y no están exentas de críticas”. Curia dice que “sólo en un contexto idealizado las líneas de asistencia contingente clasifican como preferibles, mientras las reservas deslucen porque, se aduce, rinden poco en sus colocaciones o distraen recursos. Pero, hoy por hoy, este contexto es una quimera. Computando todos los elementos pertinentes reales, la acumulación de reservas es lo más conveniente. En rigor, acumular reservas es crucial, desde ya en calidad de autoseguro, pero, en especial para nosotros, a manera de subproducto de una estrategia de desarrollo sustentada en el cambio competitivo”.

En tanto el economista Pablo Rojo sostiene que “desde un punto de vista puramente teórico, es mucho más eficiente contar con seguros contingentes que acumular reservas para hacer frente a una potencial crisis cambiaria. Esto es tan cierto como afirmar que es mucho mejor pagar una prima de seguro que mantener en el banco el dinero necesario para hacer frente al costo de un accidente o reponer el valor de un auto en caso de robo”.

Sin embargo, Rojo agrega que “en la práctica las cosas son muy distintas, sobre todo cuando se trata de cubrir riesgos que involucran a naciones enteras. En su papel de prestamista de última instancia o asegurador, el FMI se ha mostrado en el pasado poco confiable o muy exigente a la hora de apoyar los países con crisis cambiarias, como si el asegurador siempre invocara la letra chica para no pagar los siniestros. Por eso es mucho más prudente seguir adelante con la política de acumular reservas en lugar de confiar en el papel de ‘asegurador’ del FMI”.

No obstante, Rojo reconoce que “la propuesta del FMI entraña una ruptura conceptual con respecto al pasado, ya que al proponer que los países no acumulen reservas, de hecho está sugiriendo que las restricciones al gasto y al consumo son inadecuadas en estas épocas de crisis internacional. Aquello que en el pasado formaba parte del recetario habitual del FMI hoy no sólo ha desaparecido sino que está expresamente contraindicado. Queda por saber si estamos asistiendo al surgimiento de una nueva visión económica o sólo se trata de un cambio coyuntural que será abandonado apenas se consolide la salida de la crisis. La respuesta a esta pregunta será básicamente política. Si los países emergentes amplían su participación en el capital del FMI, y aún más importante, si se consolidan como el componente más dinámico de la economía internacional, seguramente asistiremos, tal vez asombrados, a nuevos y más profundos cambios. Los paradigmas económicos están ante nuestros ojos transformándose al mismo ritmo al que crece la electrónica en China, la industria del software en la India, la fabricación de autos en Brasil y también las agroindustrias en la Argentina”.

Fuente: www.ieco.clarin.com