viernes, 16 de octubre de 2009
La economía argentina dejó atrás dos años marcados por la fuerte fiebre dolarizadora, en los cuales las divisas generadas por el intercambio comercial no alcanzaban para saciar el apetito del sector privado.
¿Se podrá, de ahora en más, dejar de “pensar en verde”, al menos por un tiempo? Probablemente sí.
La fuga de capitales, que le viene cortando el aire a la economía desde hace dos años, hace ya un par de meses muestra signos de debilidad. Y estaría aflojando el corsé que apretó al sistema financiero y productivo durante tanto tiempo.
Las consecuencias de este cambio de escenario son varias y sus implicancias tienen un fuerte impacto en la economía real y, en definitiva, en el bolsillo de los argentinos.
Esta mayor holgura se da por una conjunción de factores: por un lado, ahora estarían comenzando a sobrar los dólares que se generan del intercambio de productos con el mundo, necesarios para saciar el apetito de la sociedad por el billete verde.
Por otro, ese apetito ya no es tan voraz como lo fue hasta antes de las elecciones.
En 2008, el saldo positivo de la balanza comercial (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones) alcanzó los u$s12.500 millones, cifra que fue superada holgadamente por los cerca de u$s23.000 millones que se fueron del sistema durante ese lapso.
Eso le restó margen de maniobra al Banco Central (BCRA) para dotar de liquidez al sector financiero y, entre otras cosas, abaratar el costo de los créditos.
Hoy la ecuación se revirtió. Y en los próximos meses el ingreso neto de divisas superará a la demanda por parte de particulares y empresas. Claro está, si el país no se enreda en situaciones traumáticas que generen nuevamente picos de incertidumbre.
Así las cosas, la estabilidad del tipo de cambio, el desvanecimiento de las expectativas de default, las señales favorables del Gobierno hacia los mercados de capitales y un mejor clima financiero mundial alivianaron el ritmo de dolarización de las carteras, que pasó de un promedio cercano a los u$s2.000 millones mensuales en el primer semestre a u$s450 millones en septiembre, según datos del Banco Central, tal como diera cuenta este medio. (ver nota, Argentina respira: la fuga de capitales cayó a los niveles de principios de 2008)
Razones y consecuencias
Una de las razones que explican este cambio de contexto viene dada por la política aplicada por el Gobierno de restringir las importaciones. Si bien esto contribuye a engordar la “caja de billetes verdes”, el precio que se paga por esta decisión es alto: se resiente el nivel de actividad, vía menor consumo e inversión.
En el primer semestre de este año la fuga de capitales, que resultó superior a los u$s11.000 millones, se ocupó de esfumar un superávit comercial que logró alcanzar los u$s9.800 millones.
Este excedente le quita presión al sistema financiero y al tipo de cambio y permite que el Banco Central retome lo que supo hacer hasta antes de que se desatara la crisis con el campo y se disparara la fuga: comprar divisas estadounidenses e inyectar pesos al sistema.
De hecho y según cálculos de Prefinex, compró u$s1.500 millones en los dos últimos meses. Y es aquí donde comienza a pesar otro factor: la emisión monetaria y su impacto en la suba de precios.
Según los analistas, este cambio implica un punto de inflexión: la presión devaluatoria ya no vendrá por un exceso en la demanda sino de una mayor competitividad. Y permitirá que el Producto Bruto Interno (PBI) supere la caída ocurrida en 2009, para crecer un 3% en 2010.
Para el año que viene “no esperamos que la fuga desaparezca pero sí que se modere respecto a los peores momentos de los últimos años. Esto permitirá, junto a una abundante oferta de dólares comerciales, conseguir cierto equilibrio del mercado cambiario y sostener una leve depreciación del peso, de $4,4 por dólar para fines de 2010”, dijo el economista de la consultora Ecolatina, Lorenzo Sigaut.
Fuga versus superávit
Por el lado de la oferta de dólares, Ecolatina espera para 2010 un saldo comercial de u$s16.000 millones, gracias a una mejor cosecha y a un importante repunte de las exportaciones.
Muy cerca se ubica la consultora Prefinex, que estima un excedente generado por el comercio exterior de u$s15.500 millones.
En tanto, la consultora Finsoport, dirigida por Jorge Todesca, va más allá y hace referencia a unos u$s20.000 M para 2010.
Por el lado de la demanda, la clave es el nivel de la fuga de capitales del sector privado, que va de la mano de la mayor o menor incertidumbre económica y política que se genera en el país.
En este sentido, Prefinex prevé que llegará a u$s5.000 millones para los 12 meses de 2010.
En tanto, las previsiones de la consultora Orlando Ferreres dan cuenta de un superávit comercial que este año alcanzará los u$s16.000 millones, con una salida de capitales que rondará los u$s12.000 millones.
Para el 2010 las cifras son menos optimistas: el primero ascenderá a u$s11.000 millones en tanto que la fuga estará cerca de los u$s10.000 millones.
Ese nivel de superávit se logrará gracias a un alza del 14% de las exportaciones, principalmente de productos primarios (40%) y de los productos industriales (10 por ciento).
En tanto, Ferreres estima que se liberarán las restricciones que hoy pesan sobre la entrada de productos del exterior. Así, las importaciones crecerán un 30 por ciento.
Para Fausto Spotorno, economista jefe de la consultora de Ferreres, el escenario se presenta como más benigno por la conjunción de dos factores:
•El menor requerimiento de billete verde por parte del sector público para pagar los vencimientos de deuda el año que viene
•Por la posibilidad de colocar algún bono, de la mano del acercamiento del Gobierno a los mercados de capitales.
El valor del dólar, ante un panorama más relajado
Para Spotorno, una menor salida de capitales generará una reducción en la presión sobre el tipo de cambio. Sin embargo, la inflación “meterá la cola” para restarle cierta calma a la estabilidad cambiaria, en este nuevo escenario por el que transitará la economía local.
Sucede que, con el índice inflacionario, que no da respiro, la pérdida de competitividad volverá a hacerse presente ante la quietud del dólar. Esto implicará que los exportadores, principalmente de productos industriales, verán cómo se erosiona gran parte de la ventaja vía tipo de cambio que obtuvieron a lo largo de 2009.
Ante esto, Spotorno advirtió que podrá ser “necesario devaluar porque la inflación está en alza”. Proyecta un 18% para 2010. “Por la pérdida de competitividad, por el aumento de tarifas, el tipo de cambio podría sufrir una mayor presión”, explicó.
Cado coincidió: “Con la entrada de capitales, producto del saldo comercial, se está generando un mercado de divisas equilibrado. La depreciación va a ser por disposición del Gobierno para mejorar la competitividad del país”. Y previó que si el Estado obtiene financiamiento en el mercado de capitales, el dólar valdrá $4,30 en 2010.
Por lo pronto, gracias a la primavera financiera que atraviesa la economía, “la situación se presenta como más cómoda”, dijo el director de la consultora Análisis de Coyuntura Macroeconómica, Maximiliano Castillo Carrillo.
Y explicó que “el Banco Central puede recomponer reservas” y que esto haga que se dé “una dinámica más suave del tipo de cambio”.
Aunque todavía resta “remontar una fuerte desconfianza”, Ecolatina espera que este año el dólar cierre por debajo de los 4 pesos.
En este contexto, la menor expectativa de devaluación y una menor aversión al riesgo dejan más dinero en la Argentina, vía la demanda de títulos públicos y la colocación de depósitos a plazo en moneda local.
En tanto, según la consultora de Ferreres, el tipo de cambio llegará a un promedio de entre $4,20 y $4,30 por dólar en 2010.
Implicancias sobre la economía real
La suba del monto de las exportaciones -pero sin llegar a los niveles de 2008- y la baja de la dolarización de los picos de 2008 y 2009 -pero manteniéndose en niveles elevados- producirá “un escenario de normalización imperfecta”, según da cuenta el último informe de la consultora M&S, dirigida por Carlos Melconian, que además sostiene que “la regeneración de la liquidez, y por ende la recuperación del nivel de actividad, también lo sería”.
Así, “la economía podría rebotar en 2010 “más o menos” lo mismo que caerá en 2009”, concluyó el documento.
Ferreres coincidió en que el país dejará atrás la caída del PBI, del orden del 3% este año, para dar lugar a un crecimiento en 2010 del 2,8 por ciento.
En tanto, desde Prefinex avizoran un retroceso de la economía del 4% para 2009 y un “rebote” de entre 2,5 y 3% para el año que viene.]
Un impacto no menor viene por el lado del consumo, el principal factor impulsor de la economía real.
En este sentido, gran parte de la sociedad, cuando contempla un escenario de relativa estabilidad cambiaria y con bajas expectativas de devaluación, deja de pensar en atesorar dólares y retoma su interés por la compra de bienes durables.
Y esta mayor propensión a consumir es, en definitiva, la que acerca al país a una más rápida recuperación económica.
Fuente: www.infobaeprofesional.com
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