Brasil 2010, versión olímpica y recargada

jueves, 08 de octubre de 2009

“La verdad es que me tomó por sorpresa y todavía tengo que hacer los números. Pero los Juegos Olímpicos y el Mundial van a añadir un 1% cada uno al PIB en los próximos años.

Dentro de poco vamos a estar creciendo demasiado”. Un día después de que se conociera la elección de Río, Guido Mantega, el ministro de Economía de Brasil, todavía parecía desbordado. Embriagado casi, como se lo había visto a Lula y a toda su comitiva ante esta oportunidad única de finalmente “emerger”. De convertirse para el mundo en algo más que una tierra de samba y vacaciones exóticas.

Pero el “efecto olímpico” vendrá en todo caso a sumarse a una efervescencia que antecede a Río y que está obligando a los analistas a revisar sus proyecciones de crecimiento con una frecuencia nunca vista. En las dos últimas semanas, fueron varios los que redoblaron la apuesta ante la impresión de estar “quedándose cortos”. Morgan Stanley ahora espera que el PIB crezca 4,8% en 2010 en lugar de 3,5%. El Bradesco también corrigió su estimación de 4,9% para llevarla a 5,4%. El Bank of America modificó su proyección desde el 4,5% inicial hasta 5,3% y afirma que Brasil será el quinto país de mayor crecimiento a nivel global, después de China (10,1%), Qatar (8,1%), India (7,6%), Nigeria (5,5%) y Oman (5,4%).

Según explica Octavio do Barros, el economista jefe de Bradesco, el secreto brasileño ha sido un mercado doméstico lo suficientemente consolidado y amplio como para compensar parte de la demanda externa que se evaporó con la crisis. De hecho, el mercado de trabajo fue una gran sorpresa. Mientras que en el resto del mundo el desempleo hoy está muy por encima de la media histórica, en Brasil no sólo se encuentra por debajo, sino que volvería a su mínimo de 7,9% el año que viene. Gracias a esta solidez del mercado laboral, el consumo resultó mucho menos maltrecho de lo que cabía esperar, con un aumento proyectado del 5% de las ventas minoristas este año. Y es precisamente esta demanda doméstica preservada gracias a la continuidad del estímulo fiscal y el efecto rezagado de la fuerte baja de tasas la que se pondrá sobre sus espaldas la asombrosa recuperación que hoy todos están anticipando.

Ahora, cuanto más enérgico sea el rebote de la economía, antes deberá comenzar el proceso de normalización de la política monetaria. Y si bien algunos todavía mantienen que las subas de tasas no llegarán hasta fines del 2010 o incluso el 2011, otros ya han adelantado dramáticamente sus proyecciones. No es el caso de Ilan Goldfajn, economista jefe del Itaú Unibanco, que está entre los que piensa que las autoridades monetarias van a tomarse su tiempo. “El Banco Central confía en que la recuperación económica será no-inflacionaria. El mayor riesgo radica en un rebote más fuerte de lo esperado en la economía doméstica. Pero creemos que no comenzará a subir la tasa hasta el último trimestre del 2010”, asegura.

Pero otros analistas, como Marcelo Carvalho, economista jefe de Morgan Stanley para Brasil, hoy creen que el ajuste monetario comenzará tan pronto como en abril y que para fines de año el costo del dinero estará en 11% desde el 8,75% actual. “Las autoridades no parecen estar apuradas por comenzar a subir las tasas por ahora. Pero conviene tener en cuenta que la política monetaria en Brasil puede cambiar de curso en un período muy corto de tiempo. De hecho, desde que comenzó el actual régimen de metas de inflación en 1999, el banco central nunca dejó las tasas sin cambios por más de seis meses”, apunta.

El JPMorgan fue ayer todavía más lejos y arriesgó que el ciclo de ajuste monetario comenzaría en enero del año que viene. Aunque el escenario de precios luce benigno para los próximos meses, con una inflación por debajo de la meta de 4,5%, los economistas ya adelantan que las expectativas comenzarán a recalentarse hacia mediados de año, lo que podría obligar al banco central a actuar.

Claro, esto es si el calendario electoral no se interpone con el timing de por sí siempre elusivo de las cuestiones monetarias. Pero nada de eso se cuela en los informes por estos días. Los analistas lo explicitan sin vueltas: no creen que los comicios presidenciales de octubre vayan a impedir que la autoridad monetaria tome decisiones basadas en consideraciones técnicas. Sobre todo cuando el grueso del ajuste estará en sus manos ante un gasto fiscal que el calendario electoral mantendrá en expansión. En realidad, hasta Henrique Meirelles, el titular del banco, podría no estar ahí para contarlo si finalmente se deja seducir en marzo por una candidatura política.

Pero nadie parece demasiado preocupado. Y no es que la euforia olímpica les nuble el juicio. Ya no sólo tienen el patrimonio de la alegría. Los brasileños además se han vuelto previsibles.

Fuente: www.cronista.com