lunes, 05 de octubre de 2009
El nacionalismo de los recursos naturales debe ser pragmático, no ideológico.
Las páginas del nuevo Informe de Estabilidad Financiera Global del Fondo Monetario Internacional está lleno de malas noticias. Aunque el mensaje es malo, pero no necesariamente una novedad: el terrible estado del sector financiero esencialmente no ha tenido cambios desde el informe previo del FMI, dado a conocer hace un semestre.
Según los cálculos del Fondo, las feroces pérdidas incurridas por los bancos desde comienzos de 2007 —alrededor de u$s 1,3 billón— son sólo el comienzo. Además, espera amortizaciones por otro u$s 1,5 billón para fines de 2010. Dos tercios de este total corresponderán a las carteras de préstamos golpeadas por la recesión, y no tanto a los títulos tóxicos que causaron la mayor parte de las pérdidas anteriores. Lo cual confirma (si es que hace falta confirmarlo) que las malas apuestas por activos riesgosos dejan a su paso una economía real dañada.
En los últimos seis meses los mercados de acciones han hecho avances récord, las grandes economías recuperaron el crecimiento y hasta los activos tóxicos comenzaron a negociarse de nuevo, lo que ha aplicado una capa de pintura sobre los desmantelados balances. Pero todavía hay un agujero en el corazón del sistema financiero mundial que es casi tan grande como antes. En abril, el FMI dijo que había un déficit de capital de u$s 875.000 millones para que los bancos estadounidenses y europeos llegaran a un ratio de apalancamiento de 4%. Pese a la actividad para recaudar capital, los mercados privados no pueden cerrar la brecha, que hoy es de u$s 670.000 millones.
A esto hay que agregarle otros dos factores: desde el comienzo de la crisis, la deuda que deben los bancos viró de manera marcada a los vencimientos de corto plazo, con lo que las necesidades de refinanciación alcanzarán su pico en los próximos tres meses, y la securitización, que era un importante vehículo para los flujos financieros estadounidenses antes de la crisis, sigue anémica y el FMI advirtió que las reformas regulatorias propuestas pueden hacer más lenta su recuperación.
Todo esto implica que el sector financiero se mantiene en terreno extremadamente poco firme, lo que es un desafío para las autoridades. Las políticas monetarias y las garantías del Tesoro que, de hecho, avalan las actividades bancarias, pueden proteger de una nueva crisis como la del pánico del año pasado, pero perpetúan el riesgo moral. Los gobiernos con participación en bancos débiles quieren recuperar la inversión de los contribuyentes, pero para que los bancos no sigan restringiendo el crédito hace falta más capital, no menos.
Estas duras opciones hacen que la evaluación inflexible del FMI sea aún más valiosa. Ayuda a evitar que los dirigentes esperen a la recuperación para encarar los problemas. Europa, en particular, debe hacer más para obligar a los bancos a cristalizar sus pérdidas.
Para decirle la verdad a los poderosos hace falta coraje, cosa que no siempre el FMI ha evidenciado. Debe seguir mostrando su nueva audacia.
Fuente: www.cronista.com
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“Cautivo de este banco, pesimo! Rosario.”
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