Restringir el alcance de la banca no es la solución

lunes, 05 de octubre de 2009

La situación del sistema financiero es intolerable y se harán necesarias reformas más radicales. La división de la banca en un "servicio básico" y un "casino" es la respuesta de John Kay.

FINANCIAL TIMES tiene una nueva serie sobre el futuro de las inversiones. Pero cuál será, me pregunto, el futuro de las propias finanzas. ¿Quién puede asegurar que el sistema financiero que ahora está emergiendo de la crisis es más seguro, o mejor para atender las necesidades públicas que el anterior? La respuesta tiene que ser: pocos. El tema entonces es cómo solucionar esta grave situación.

El sector financiero que desató la crisis estaba, ahora lo sabemos, mal administrado, irresponsable, altamente concentrado y sub capitalizado, lleno de conflictos de intereses y beneficiado de garantías estatales implícitas. Y el sector financiero que está emergiendo está ligeramente mejor capitalizado, pero aún más concentrado y beneficiado ahora de garantías estatales explícitas. Esto no es una avance: tendrá que significar más y mayores crisis en el futuro.

Mi amigo y colega, John Kay, está consciente de los peligros, como saben bien los lectores de sus columnas. Su respuesta, expresada en un folleto para el Centro de Estudios de Innovación Financiera de Londres, es una banca estrecha*. Kay rechaza la idea de que la regulación puede resolver el problema creado por las finanzas garantizadas por el estado. La supervisión siempre está sujeta a la captura de la regulación. Más aún, los bancos ‘ingresaron a la crisis en general con más capital que el exigido. Las provisiones no sólo demostraron ser inadecuadas sino masivamente inadecuadas para los problemas enfrentados’. Peor, muchos de los peligros –especialmente el crecimiento de las finanzas fuera de balance– reflejan intentos por evadir la regulación. La regulación, entonces, no ha sido la respuesta, sino por el contrario, parte del problema.

Entonces, ¿cuál es la solución? La división de la banca en un ‘servicio básico‘ y en un ‘casino’ es la respuesta de Kay. La gran idea es que los depósitos asegurados deben ser respaldados por ‘activos líquidos genuinamente seguros‘ -conocidos como banca de reserva 100%. En la práctica, estos activos serían bonos del gobierno. Esta es la forma más rigurosa de la banca estrecha. Kay no está completamente seguro y podría inclinarse por modelos menos restrictivos.

En favor de la claridad, sin embargo, enfoquémonos en la banca de reserva 100% , una idea también discutida en la escuela de economía austríaca. ¿Es practicable? ¿Qué implicaría? Para responder debemos entender cómo ingresamos a este mundo de dinero basado en el crédito.

Suponga que alguien presentara el siguiente diseño para las instituciones centrales de nuestro sistema financiero: estarían financiadas principalmente con depósitos, redimibles según la demanda; invertirían en un amplio rango de activos, con frecuencia ilíquidos y opacos; se embarcarían en complejas actividades de comercio; pero tendrían un delgado cojín de activos. Con seguridad, concluiría la gente, esto sería un fraude. Y tendrían razón. Esta estructura sólo podría subsistir si los bancos centrales actuaran como prestamistas de última instancia. La capacidad del gobierno para crear dinero es puesta a disposición de los intereses privados. En el mismo instante, la capacidad de pedir prestado al gobierno a tasa de interés cero es una licencia para imprimir dinero.

En la práctica, sin embargo, hemos ido mucho más lejos que esto. Hemos garantizado también explícitamente muchos depósitos e implícitamente muchos más pasivos. De hecho, en la crisis, las autoridades garantizaron todas las obligaciones de las instituciones consideradas sistémicamente significativas. Hoy, las instituciones financieras centrales son, sin lugar a dudas, una parte del estado.

La propuesta de Kay es, en resumen, el fin de un fraude: los bancos sería obligados a mantener activos tan seguros y líquidos como sus pasivos. Sabemos que existen otras formas de hacer más seguro un sistema de reservas bancarias fraccionarias: un oligopolio interno estable logra casi lo mismo. Pero eso sí que parece altamente regresivo.

¿Es lo que propone Kay la respuesta? Una obvia objeción es que provocaría un masivo desorden financiero. Pero, considerando la crisis, ese caos es el menor de los males. Otras objeciones (aunque para algunos sería una ventaja) es que, llevado hasta sus últimas consecuencias, terminaría eliminando la política monetaria. La deuda pública mantenida por los bancos fijaría el suministro de efectivo.

Un tema más profundo es si un sistema financiero basado en una banca estrecha podría asignar eficientemente el capital. Aquí hay dos riesgos opuestos. El primero es que levantar fondos para actividades de más largo plazo y más riesgosas se vería seriamente mermado si adoptáramos una banca más estrecha. En contra de ello, uno podría argumentar que, con la deuda del sector público usada para garantizar los pasivos de la banca estrecha, los inversionistas se verían forzados a encontrar otros activos de este tipo.

El riesgo opuesto (y más grande) es que la fragilidad de la banca sería reinventada, a través de ‘cuasi bancos‘. Esto es lo que acaba de ocurrir, después de todo, con ‘la banca en las sombras‘. Al final, esas entidades, también, han sido rescatadas. El principal punto es que una estructura financiera caracterizada por deuda de corto plazo relativamente libre de riesgo y activos de largo plazo más riesgosos es altamente rentable hasta que colapsa, y eso es bastante probable.

La respuesta para el segundo dilema es hacer la banca ilegal. Esto significa, que los intermediarios financieros distintos de los bancos estrechos, verán el valor de sus pasivos según el valor de sus activos. En aquellos casos en que los activos no puedan ser valorados, habría períodos de embargo para emparejar los pasivos. El gran juego del endeudamiento de corto plazo, usado para comprar activos de más largo plazo y más riesgosos, sobre un delgado colchón de activos, se descartaría.

El riesgo de los valores sería soportado por los inversionistas de los fondos. Las entidades de corretaje existirían. Pero requerirían de financiamiento de valores.

Laurence Kotlikoff de la Universidad de Boston y Edward Leamer de la Universidad de California en Los Angeles están entre aquellos que han propuesto estas radicales ideas. Es la manera más simple de evitar el peligro de que una banca más estrecha desvíe los riesgos inherentes a tales actividades hacia otros sectores.

El punto más importante es que la situación en que nos encontramos actualmente es ahora intolerable. La concentración hoy de riqueza y el poder privado garantizados por el estado debe ciertamente desaparecer. En el presente, el sector oficial cree que una regulación más estricta, especialmente con mayores requisitos de capital, puede contener esos riesgos. Pero probablemente va a fracasar. Si es así, todavía necesitaremos medidas radicales.

Pero la banca estrecha aún no sería suficiente. Necesitamos descartar la cuasi banca. De lo contrario, pronto volveríamos al escenario de la fragilidad y los rescates públicos. Los fondos que reemplacen a los bancos tendrían que traspasar el riesgo directamente a los inversionistas externos.

Las autoridades no van a ceder ante ideas tan radicales por ahora. Pero el sistema financiero es tan inherentemente frágil que las reformas radicales no pueden ser declaradas muertas aún. Tan sólo están dormidas.

Fuente: www.cronista.com