Argentina respira: la fuga de capitales cayó a los niveles de principios de 2008

jueves, 01 de octubre de 2009

En septiembre la salida de divisas siguió en baja reforzando la tendencia de los últimos meses. El menor apetito por el dólar “facilita la tarea de mantener estable el mercado cambiario”.

La economía argentina viene padeciendo la salida de capitales desde el tercer trimestre de 2007. Más de u$s40.000 millones se han perdido producto de la desconfianza.

La crisis internacional, el conflicto entre el Gobierno y el campo, la nacionalización de las jubilaciones privadas y las elecciones legislativas enrarecieron el aire durante dos años e hicieron que los argentinos se refugiaran en su aliado de siempre: el dólar.

Esa fuga de divisas ha sido un verdadero problema para el Gobierno y recortó el margen de maniobra del Banco Central (BCRA), quien tuvo que lidiar con el temor a una fuerte devaluación -que se había instalado en buena parte de la sociedad-, debió aplicar todas las herramientas disponibles para mantener los depósitos en los bancos y monitorear muy de cerca la evolución del tipo de cambio y las tasas de interés.

Mientras tanto, la compra de dólares por parte de los pequeños ahorristas y grandes inversores significó, durante estos dos últimos años, que se dejara de lado el consumo y la inversión para así volcarse a las casas de cambio o a las transferencias electrónicas a cuentas en el exterior.

Las voces que piden un mejor clima de confianza aún se siguen alzando. Una economía que perdía un promedio de casi 2 mil millones de dólares mensuales, como ocurrió en el primer semestre de este año, no iba a poder sostener, en el largo plazo, la actividad ni el nivel de empleo.

Pero el clima en el segundo semestre amaneció distinto y la dolarización comenzó a bajar.

Ya en julio, tras la culminación de los comicios y las promesas de diálogo político, la salida de capitales amainó a u$s1.500 millones, según los cálculos privados. Pero con el correr de los meses, la situación mejoró aún más.

En agosto, las consultoras estimaron un salida en torno a los u$s700 millones y en septiembre, las estimaciones privadas arrojan una salida neta de capitales de u$s500 millones.

Las proyecciones que maneja el Banco Central para el mes en curso dan cuenta de una cifra que oscila entre los u$s400 y u$s500 millones, es decir, coincidente con los datos que manejan las consultoras contactadas por este medio.

Este descenso en el nivel mensual de fuga “facilita la tarea de mantener la estabilidad del mercado cambiario”, aseguró la fuente oficial.

Por otro lado, marca un nivel de dolarización que no se observaba desde principios del 2008, es decir, antes de que estallara la crisis del campo.

La recuperación de la economía internacional, el alejamiento de los temores a un eventual default y una menor depreciación esperada para la moneda local permitieron que los inversores ganen en tranquilidad y redujeran su “fiebre” por atesorar divisas estadounidenses.

¿Nuevo escenario?

La proyección de septiembre es, de por sí, alentadora y le da un buen respiro al sistema financiero local. Aunque los economistas son precavidos.

Sostienen que la desconfianza todavía no se disipó del todo y que este nivel logrado para el mes en curso puede ser un piso.

La consultora de Orlando Ferreres estimó que, en septiembre, se fugaron alrededor de u$s500 millones. Fausto Spotorno, el economista jefe, explicó que este nivel “claramente más bajo” se debe a “una mejor situación financiera a nivel mundial y a que las elecciones quedaron atrás”.

La consolidación de las expectativas de una recuperación económica en el mundo y la debilidad de la moneda estadounidense impulsan a los inversores a tomar más riesgo (ver nota: Los países festejan, pero dejaron al dólar solito para que pague la fiesta).

Las monedas de otros países se revalúan frente a la divisa estadounidense, vuelven los capitales a los mercados emergentes y la Argentina no es la excepción. “La entrada de dólares de los inversores externos ayudó a bajar el nivel de dolarización”, dijo Spotorno.

Pero, además del mejor clima que se vive en el contexto global, hubo cuestiones domésticas que fueron bien recibidas por los inversores.

Con el pago que se hizo en agosto del vencimiento del cupón del Boden 2012 y el canje de los bonos ajustados por CER se disipó el escenario de incumplimiento en el pago de la deuda pública.

Es así como los inversores se volcaron a los activos en pesos.

A partir de la semana del 14 de septiembre comenzó el ingreso fuerte de capitales, afirmó Martin Vothie, economista del Estudio Bein, quien agregó que el día 15, el Banco Central compró u$s161 millones, la mayor adquisición diaria en lo que va del año.

Como saldo, en el último mes, el índice Merval superó los 2.000 puntos y creció más del 16%. En tanto, los títulos públicos en pesos superaron el 22% de alza.

“El contexto internacional brinda mayor tranquilidad”, dijo la economista María Sahores, de la consultora dirigida por Carlos Melconian, pero advirtió que “los inversores locales aún siguen comprando”. Por eso describió el nivel de u$s500 millones, que estimó para el mes en curso, como de “dolarización estructural”.

Por su parte, el estudio de Miguel Bein proyecta una salida de divisas cercana a los u$s400 millones para septiembre. Para Vothie esta cifra denota un nivel “mínimo” respecto de la dolarización del último año y medio.

Según explicó el experto, “la demanda sigue estando” porque “las causas de la incertidumbre persisten, aunque de forma más atenuada que antes de las elecciones o en plena crisis del campo o la eliminación de las AFJP”.

Bajó la dolarización, subieron los plazos fijos

Por lo pronto, desde enero de 2008 que no se veía una fuga tan baja, cuando la formación de activos externos fue de u$s572 millones.

Según sostuvo Sahores, la baja en el nivel de dolarización en septiembre se observa en “el crecimiento importante de los depósitos a plazo. Además, en que el BCRA está comprando dólares en el mercado cambiario, en la cotización estable y en que las tasas de interés están levemente más bajas”.

Las expectativas de devaluación han mejorado. En el Mercado Abierto Electrónico se negocia un dólar a $3,91 a fin de año, cuando en el primer semestre eran superiores a los 4 pesos.

Los inversores piensan que el Central lo dejará estable, y eso hace que el bajo rendimiento no empuje a la compra de dólares.

La recomposición de los plazos fijos en pesos que se da desde julio es otra de las señales de que la fuga de capitales se ha reducido.

“Refleja una mayor confianza en la estabilidad del peso en relación al dólar y el sentimiento de un contexto económico menos adverso”, dijo la consultora Econviews en un informe, que además contabilizó que los bancos captaron casi $4.000 millones al 11 de septiembre, en un contexto de baja de las tasas de interés.

Para el economista de la consultora Joaquín Ledesma & Asociados, Gabriel Caamaño Gómez, la suba del nivel de las colocaciones a plazo, en moneda local, se da porque la gente separó un poco de sus ahorros para invertir en activos en pesos “como algo especulativo”.

Explicó que mantiene una parte de sus plazos fijos en dólares y otra parte la convierte a pesos de corto plazo “porque la incertidumbre sigue siendo alta”. Cuando sale de la inversión a los 30 días, compra dólares.

Detrás de la suba del nivel de depósitos, Caamaño Gómez ve una “fuerza especulativa” porque “los volúmenes operados en instrumentos en pesos no crecen abruptamente”.

Se dio cuenta de una incipiente reaparición de la ya conocida “bicicleta financiera”, mecanismo por el cual quienes poseen dólares se desprenden de los mismos y los colocan a plazo fijo, con la intención de obtener una renta que les asegure una ganancia en moneda extranjera .

Se trata de “un mayor apetito por el riesgo porque el dólar da poco rendimiento hacia fin de año y no porque mejoren las expectativas económicas”, sostuvo Caamaño Gómez, quien agregó: “La gente sigue ahorrando a largo plazo en dólares”.

Consecuencias

Por lo pronto, que la dolarización haya amainado “le da al Central más margen de maniobra”, dijo Spotorno. Y añadió: “De febrero a junio, tuvo que soltar el tipo de cambio para no perder reservas. Ahora puede hacerse de dólares y la cotización no se mueve”. Hoy el billete verde se compra con 3,85 pesos.

La consultora Econviews coincidió en su último informe: “Desde mediados de julio, el BCRA adquiere dólares en el mercado sin registrarse mayores subas en el tipo de cambio, lo que infiere que la oferta y demanda de divisas se ha equilibrado, e incluso en algunas jornadas se apreció el peso sin intervención oficial”.

Y agregó: “El Central puede recomponer las reservas internacionales sin riesgo de que los pesos emitidos se usen para comprar dólares y se revierta el efecto”.

Según calculó Spotorno, entre la tercera semana de agosto y la tercera de septiembre compró poco, unos u$s200 millones.

Para Sahores, la máxima autoridad monetaria “está cauta” porque “lo que inyecta después lo esteriliza para no avivar la inflación”. Y explicó que “no vuelca al mercado más pesos de los que puede absorber la gente”.

Octubre, mes clave

Caamaño Gómez dudó sobre los efectos reales que este proceso puede tener sobre el crédito, el consumo y las tasas. Porque si las reacciones de los inversores “son de corto plazo y especulativas, no tendrá efectos reales, sino que generará una bicicleta financiera”.

Es por eso que aún no está todo dicho. Si bien la dolarización bajó, lo que queda se explica por la desconfianza que persiste.

Para Sahores, el proceso de fuga de capitales es “muy volátil”. Y explicó que “alguna señal hace que aumente y otra que vuelva para atrás” cada dos meses.

Por eso, sugirió ver qué pasa en octubre. “Si el mes que viene se mantiene, eso sí es un cambio de tendencia”, afirmó.

Fuente: www.infobaeprofesional.com