lunes, 21 de septiembre de 2009
A un año de la caída del banco de inversión Lehman Brothers, que detonó la crisis global, los especialistas analizan si el temblor puede tener réplicas o si ya se tocó fondo y la recuperación está por comenzar.
Predomina la incertidumbre
La presente crisis internacional pertenece a una familia de episodios entre cuyos aspectos cruciales están las quiebras y los incumplimientos contractuales más o menos difundidos. En algunas economías donde en el pasado se plantearon problemas de solvencia, especialmente en el sector financiero, se observaron salidas rápidas de las crisis. Este fue el caso de países escandinavos en los primeros años ’90, a partir de acciones en gran escala de salvataje a bancos y un rápido crecimiento de exportaciones luego de una fuerte depreciación de la moneda. En cambio, fue largo y trabajoso el proceso de absorción del endeudamiento excesivo en la “recesión de hoja de balance” de Japón en los años ’90, marcada por un largo período en que el gasto privado se mantuvo restringido por la cancelación de obligaciones.
En casos todavía más graves (viene a la mente la crisis argentina de 2001–2002), la discrepancia entre las deudas y los ingresos disponibles puede ser tal que difícilmente se resuelva con la aplicación de esfuerzos individuales para el repago a lo largo del tiempo. De algún modo, esa inconsistencia debe ser tratada y los derechos de propiedad redefinidos con el propósito de permitir que se vuelvan a utilizar y movilizar los recursos. El sistema económico envía a la arena política el problema de la distribución de las pérdidas de riqueza. Para ello, no hay soluciones simples. “Dejar que opere el mercado”, lo que significa en esencia dejar la situación librada a los tribunales de quiebras y concursos, es una posibilidad, pero en cualquier caso, mientras la multitud de litigios esperan a ser tratados, las propensiones a gastar y a prestar difícilmente se recobrarán con alguna fuerza. La reasignación de las deudas “malas” desde los bancos hacia el gobierno alivia a los intermediarios financieros, pero, más allá de consideraciones distributivas, la normalización del crédito y de la actividad económica estará sujeta a cuándo y cómo se levante el espectro de insolvencias que cubre a familias y empresas.
En esta crisis, las políticas macroeconómicas en los centros, particularmente en los EE.UU., fueron visiblemente activas. Las respuestas se basaron en un cambiante diagnóstico sobre las características y la gravedad del problema, y confluyeron hacia una mezcla de expansiones monetarias, medidas de impulso fiscal y operaciones de asistencia puntuales dirigidas a instituciones financieras y grandes empresas (en la industria automotriz, en especial). En ellas está implícito que, aunque se ha puesto en duda la solvencia de agentes de gran tamaño, los problemas patrimoniales de significación macroeconómica son pasibles de atención caso por caso, y concentrados sobre todo en el sector financiero. Esto es, que, una vez “liberados” los balances de los bancos de sus grandes pérdidas y restablecida su liquidez, habría un conjunto amplio de agentes no financieros reconocidamente solventes, que sean potencialmente sujetos de crédito y estén dispuestos a tomar prestado para financiar sus gastos. Por la propia naturaleza de la cuestión, es difícil reconocer hasta qué punto se cumplen estas condiciones. Probablemente, la evolución de las economías centrales y, por lo tanto, del conjunto de la economía internacional, dependerá del estado de solvencia de empresas y familias en esos países (es decir, en concreto, de cuántas viviendas queden por ser desalojadas y de cuántas firmas estarían en situaciones como las del tan saliente caso de General Motors). Asimismo influirá la evolución de economías, como las de la periferia europea, con altos niveles de endeudamiento, y cuyas dificultades pueden tener repercusiones en los centros. Si los problemas de solvencia no son particularmente graves o difundidos y, por lo tanto, de lo que se trata principalmente es de sostener en lo inmediato la demanda agregada, podría haber un fondo de la crisis en niveles de actividad cercanos a los actuales. De cualquier modo, tanto como el futuro inmediato, las perspectivas más hacia adelante generan incertidumbres, especialmente por repercusiones que dejará la crisis en los pasivos de los gobiernos centrales y por los resabios que queden en los comportamientos. En todo caso sería pertinente contemplar la posibilidad de escenarios en que las turbulencias tardan en diluirse y la recuperación de una tendencia de crecimiento de la economía mundial resulta trabajosa.
Fuente: www.pagina12.com.ar
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