viernes, 18 de septiembre de 2009
La investigadora Mona Clayton dice que se han hecho más evidentes los delitos económicos
En períodos de crisis, como la que atraviesa la economía mundial, aparecen más casos de fraude corporativo. En parte, porque es más fácil detectarlos, pero también porque los gerentes y ejecutivos tienen más presiones -y hasta oportunidades- para cometerlos.
Esa es la percepción que tiene la norteamericana Mona Clayton, socia de PriceWaterhouseCoopers (PWC) y una de sus principales investigadoras en materia de delitos económicos. Recientemente fue asignada a la sede de Brasil, desde donde podrá monitorear de cerca la evolución de los programas antifraude que aplica esa consultora en la Argentina, un país que ella "ama", según se ocupa de aclarar al comienzo de la entrevista.
"Pareciera como que escuchamos que hay más fraude desde que estalló la crisis. Quizás una de las razones es porque hay menos lugares para esconder el fraude. Piense en un lago. Cuando no llueve, el nivel del lago desciende. El agua retrocede y quizás algunos de estos problemas empiezan a salir a la superficie. Eso es lo que está pasando", define.
Pero la posibilidad de caer en delitos como la "contabilidad creativa" para maquillar los balances, el pago de sobreprecios a proveedores a cambio de un retorno o alianzas espurias con un cliente se ve incrementada por las presiones e incertidumbres que invaden a los principales ejecutivos de las compañías. Según Clayton, esto se explica por el "triángulo del fraude": oportunidad, motivación y racionalización son las tres condiciones sobre las que se asientan este tipo de abusos, que en promedio cuestan a las empresas un 7% de sus ingresos, lo sepan o no.
"Imaginemos una multinacional que tiene una sucursal en un mercado emergente. Quizás la propia gente en esa sucursal necesita cumplir con objetivos más ambiciosos de los que cumplieron el año pasado porque justamente su contraparte en los mercados centrales no va a poder cumplir con sus metas. Entonces quizá sientan más presión que la que hubiera sido durante un período de bonanza. Y quizás sientan presión para hacer lo que sea necesario para ayudar al negocio a sobrevivir otro mes y que no tengan que echar empleados", ejemplifica la investigadora.
Para Clayton, en ese caso "hay más oportunidades para pensar en hacer algo que en un tiempo de bonanza no hubieran hecho". El ejecutivo estaría más inclinado a efectuar un racionamiento del tipo: "Si no hago esto, la compañía no va a sobrevivir, o vamos a tener que echar gente, o voy a perder mi puesto", y no lo piensa como un beneficio personal.
PWC está concluyendo en estos días una encuesta global entre más de 5400 empresas para evaluar los alcances del fraude. Samanta Rubio, de la gerencia local de la consultora, cree que en esta oportunidad habrá un mayor reconocimiento de la incidencia de los delitos económicos en la Argentina que en la anterior encuesta, en 2007, cuando sólo el 35% de las firmas admitieron haber sido víctimas de esa práctica. "Las compañías comenzaron a implementar ciertas actividades de control, y eso aumenta los casos que se detectan", dijo.
Fuente: www.lanacion.com.ar
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