Monitoreo externo al plan por la deuda

lunes, 14 de septiembre de 2009

Una misión secreta del Tesoro de EE.UU. y una carta desde Francia permitieron a Boudou dar otro paso en el acercamiento al FMI

Tres visitas de relevancia del gobierno de los Estados Unidos y una carta desde Francia permitieron avanzar, en la última semana, en el plan del Gobierno de aceptar una revisión de las cuentas públicas por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y regularizar la deuda en default, tanto con los bonistas como con el Club de París.

Por un lado, el ministro de Economía, Amado Boudou, recibió el viernes una carta de su par francesa, Christine Lagarde, para "avanzar en una acción común" sobre la cuestión del Club de París, que ese gobierno coordina. En tono amable, la funcionaria de Nicolás Sarkozy también le ofreció "cooperación" en otras áreas económicas y previsionales.

Por otra parte, llegó al país en secreto una misión del Departamento del Tesoro de EE.UU., que conduce Tim Geithner, para testear la situación financiera (superávit primario, nivel de reservas, salida de capitales) y expresar su apoyo al diálogo que comenzó con el FMI. Se trató del funcionario de ese organismo que sigue a la Argentina desde Washington, Bill Lindquist, acompañado por el representante regional, Bill Block, quienes también se reunieron con economistas del sector privado.

Calificadas fuentes del Gobierno indicaron a LA NACION que "las conversaciones de las últimas semanas permiten mayor optimismo respecto de una buena relación con el FMI". El optimismo también se basa en las reuniones con el jefe de auditores regionales del FMI, Nicolás Eyzaguirre, y con el economista jefe del Fondo, Olivier Blanchard, que llevan a Boudou a creer que es posible sellar un acuerdo por el artículo IV entre el 6 y el 7 del mes próximo, en la asamblea anual del organismo, en Estambul.

La revisión sólo se concretaría el año próximo y con la mayor discreción posible, por el rechazo de la Presidenta a desarrollar una auditoría similar a la que realizan los otros 140 países del Fondo.

Con más aplomo, el ministro negocia con los bancos que organizan el canje de la deuda en default que está en manos de bonistas, por unos US$ 20.000 millones más los intereses caídos (unos US$ 8000 millones), aunque hay cierto chisporroteo con una de las dos entidades europeas que participan. Al respecto, se habría suavizado la exigencia política local para que los inversores que acepten el canje tengan que suscribir un bono (podría ser el Boden 2012), una exigencia que demoraba el avance del proyecto. "Estamos viendo cuál será la propuesta definitiva que nos traen, pero pedir que suscriban un bono implicaría asumir el discurso contrario al que sostenemos: que las necesidades financieras son manejables", indicó la fuente.

Bill Lindquist conversó sobre esta y otras cuestiones también en la recepción ofrecida el jueves pasado, en la residencia del embajador de EE.UU., para presentar al nuevo equipo económico liderado por John Fennerty y Jason Witow.

Dando vueltas por esa mansión también estaba otro funcionario que llegó desde Washington para ver a representantes del sector público y del privado para decodificar la estrategia financiera y política del Gobierno: Milton Drucker, jefe del área económica del Departamento de Estado para el Cono Sur. Allí conversaron con él Mario Vicens (ABA), Daniel Marx, Miguel Bein, Javier Alvaredo (ACM), Fabián Perechodnik, Ernesto Kritz, Julio Nouges, el juez en lo penal económico Daniel Petrone, Guillermo Stanley (Macro), Rosa Falduto (UIF) y Susana Nuti (Fundación Mercado), entre otros.

En la reunión, predominaba el pesimismo por la cuestión política, pero también una gran sorpresa porque las peleas en ese campo aún no se reflejaron en el mercado financiero ni en el valor del dólar. En particular, se comentaba con preocupación la disputa del Gobierno con el Grupo Clarín y la actitud del PJ hacia Kirchner, y se celebraba con anticipación la llegada de la embajadora Vilma Martínez esta semana. Entre tacos, sushi y champagne, se comentaba también que, de todos los pasos posibles para volver a los mercados, el Gobierno por ahora tomó el más elemental y de dudoso beneficio, como fue canjear bonos ajustables por inflación que casi ya estaban en manos del Estado o de inversores locales.

Algunos opinaban que lo más importante sería avanzar en el sinceramiento de las cifras del Indec y saldar el tema de los hold outs, que tienen costos bajos, para recuperar el crédito a una tasa más razonable. Más costoso sería, afirmaban los invitados, saldar la deuda de US$ 6500 millones con el Club de París, un acuerdo que debería negociarse una vez que se obtuviera el artículo IV y una carta de conformidad del FMI, ofreciendo un pago inicial y luego una refinanciación en diez años.

Funcionarios y economistas coincidían en que el Gobierno debe acelerar el paso por el buen contexto financiero y para evitar embargos de los fondos buitres en el exterior, como el que se teme sobre los US$ 2500 millones que el FMI debe entregarle al país.

Fuente: www.lanacion.com.ar