A un año de la promesa de Cristina, pocos creen en el pago al Club de París

miércoles, 02 de septiembre de 2009

Un día como hoy, pero del año pasado, la presidenta anunciaba la cancelación de u$s 6.706 millones.

El anuncio había sido pensado como un regalo especial para los empresarios industriales en su día. Esa vez, aturdida por los aplausos de un centenar de invitados en la propia Casa de Gobierno, Cristina levantó la cabeza y se animó a más: “Esta decisión pone a todas las empresas de nuestro país en una pole position”, arriesgó. Acababa de anunciar, finalmente, lo que en cinco años de gestión K se había decidido “postergar” a pesar de los reclamos del establishment: cancelar de un solo pago la deuda de la Argentina con el Club de París, que por entonces se calculaba en unos u$s 6.706 millones, y que era vista como uno de los grandes obstáculos que tenían las compañías nacionales para financiarse en el exterior. “Esto reafirma la voluntad de pago de la Argentina en sus compromisos internacionales”, se envalentonó la Presidenta.

La historia empezó así, un día como hoy, pero del año pasado. Y quedó inesperadamente con un “triste final”. Apenas dos semanas después del anuncio, el mundo conocería la quiebra de Lehman Brothers, y los mercados globales empezarían a tocar nuevos pisos históricos. Cristina no volvió a mencionar un sólo detalle más, al menos en público, sobre esa deuda.

Hoy, cumplido un año del anuncio, los especialistas ven altamente improbable que el Gobierno vuelva a plantear la propuesta, y advierten que desde entonces la capacidad de pago de la Argentina mostró un deterioro sin precedentes. Los economistas calculan que, sólo por intereses, la deuda con el organismo ya habría crecido hasta los u$s 7.000 millones. Y algunos advierten que no debería dejar de considerarse, tampoco, el costo adicional que significó la devaluación en el saldo deudor para un Gobierno que recauda “en pesos” (unos $ 5.431 millones más). La caja del Gobierno se redujo a un tercio de lo que era en esos días, con un superávit primario acumulado de $ 7.900 millones en lo que va de este año.

“La situación de la actividad económica es más débil que la que se tenía en ese momento, y es similar en cuanto a la falta de acceso a los mercados. Eso le da menores grados de libertad al Gobierno en términos de deuda”, opinó el analista soberano de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s, Sebastián Briozo. El canje de bonos, agregó, tampoco ayudó a despejar demasiado el panorama: “Son medidas positivas en lo técnico, en el sentido de que tienden a reemplazar el ajuste del CER por el de la Badlar, pero en cuanto a lo que es financiamiento el impacto es menor, si bien alivia los vencimientos, porque la deuda canjeable es muy pequeña”.

En las calificadoras suponen que no hay motivos para postergar el pago. “La situación es evidentemente más difícil, pero lo peor de la crisis ya pasó y también las elecciones legislativas. La decisión es política, y no económica, porque la cantidad a cancelar no es tan grande”, explicó el analista principal de Moody’s para la Argentina, Gabriel Torres. Aquella vez, Cristina había definido esta deuda como “una de las más genuinas”, porque había sido contraída para “destinarla a la prefinanciación de exportaciones”.

También para Erich Arispe, de Fitch Ratings, hoy el escenario más complejo: “Por el lado fiscal, la baja en el crecimiento de la economía argentina, la menor recaudación por impuestos y el gasto relacionado hasta junio con lo electoral han deteriorado más las cuentas fiscales”.

Ese 2 de septiembre, en el Salón Blanco de Casa de Gobierno quedó flotando lo último que se diría oficialmente sobre el tema: “Se pueden hacer fantásticos discursos desde el aspecto social; pero si el país no cuenta con recursos o con financiamiento, no queda nada más que en eso: en discursos, en objetivos y en voluntarismo”, terminó Cristina, tapada por aplausos.

Fuente: www.cronista.com