“El gran error de la Fed fue no tener un plan B para Lehman”

miércoles, 12 de agosto de 2009

En su libro sobre Bernanke, Wessel relata cómo el profesor de Princeton, dispuesto a ser un anti-Greenspan, se quedó sin opciones al fallar el comprador de Lehman. Y cómo durmió en su oficina más de un domingo

Ya desde el arranque uno se topa con un Bernanke extenuado pero al que todavía le queda resto para cierta ironía. Con ojeras oscuras cosechadas en más de un año sin fines de semana, curtido por jornadas maratónicas para las que Princeton no lo había preparado y rodeado por las infaltables latas de Dr.Pepper diet, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos sonríe cuando confiesa que ya tiene el título del libro que escribirá algún día sobre la crisis: Before Asia opens.

La anécdota con la que David Wessel elige abrir In Fed we trust: Ben Bernanke’s war on the Great Panic no es fortuita. Ya lo habían dicho los de Goldman Sachs: “Sunday is the new Monday”. Casi todas las decisiones cruciales durante esta crisis fueron tomadas un domingo, antes de que abrieran los mercados asiáticos. Fue un domingo que la Reserva Federal dio por tierra con 70 años de tradición y decidió prestarle u$s 30.000 millones a JPMorgan para que compre Bear Stearns. Fue un domingo que el gobierno se puso sobre las espaldas a los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac y fue también un domingo que se dejó caer a Lehman Brothers después de la búsqueda frenética de un comprador.

“Me impactó descubrir la cantidad de gente que dormía en sus oficinas. Sin ir más lejos, durante una entrevista, un funcionario abrió un cajón y me mostró un colchón inflable. El propio Bernanke me reconoció que había dormido en el sillón en el que estaba sentado en su oficina mientras conversábamos”, comentó el editor económico de The Wall Street Journal a El Cronista.

Claro que Wessel no aprendió su oficio ayer. Además de su columna semanal en el diario, tiene dos Pulitzer en su haber, uno por una serie de artículos sobre el racismo en Boston para el periódico Boston Globe y otro por su cobertura de los escándalos corporativos de 2002 para The Wall Street Journal, donde trabaja desde el año 1984.

–¿Cómo definiría a Bernanke? ¿Qué queda del profesor de Princeton que aterrizó en Washington?

–Por naturaleza, Bernanke sigue siendo ese profesor introvertido. Pero le tocó lidiar con circunstancias muy diferentes de las que había anticipado. Llegó creyendo que la Fed estaba muy identificada con Greenspan y estaba dispuesto a cambiar eso. Llegó tratando de ser un “anti-greenspan” pero la crisis lo obligó a volverse mucho más visible, a adoptar un perfil más alto. Se vio obligado a cambiar. De hecho, en el último tiempo esto se acentuó y hasta pudimos verlo en el programa “60 Minutes”.

–Bernanke enfrenta una oposición muy dura en el Congreso. ¿Cree que puede llegar al punto de frustrar su reelección?

–Es cierto que Bernanke enfrenta muchas críticas y que no es muy popular en estos momentos. La gente desconfía. Pero yo creo que si Obama tuviera que tomar una decisión hoy, lo reelegiría. No se cambia de capitán en medio de la tormenta. Y hoy el mercado está convencido de que seguirá en su puesto.

-¿Cuál cree que fue su peor error hasta ahora?

-Por empezar, él era un miembro regular de la Fed durante la era Greenspan y no hizo mucho por evitar la crisis. Además, en un comienzo estuvo un poco tímido y se mostró lento, si bien después se puso a tono, con una política creativa y audaz. Pero creo que por lejos el peor error fue no haber estado preparado para el colapso de Lehman cuando descubrieron que no podían venderlo. Durante esta crisis hubo una constante y es que, aún cuando los funcionarios creían estar preparándose para el peor escenario, la realidad los superaba.

-¿Tiene confianza en que la Fed será capaz de ir retirando todo el estímulo que volcó en la economía? ¿Sabrán manejar ese timing tan delicado?

-Por ahora, Bernanke se encargó de transmitir que tiene una estrategia de salida. Pero sin dudas existe el peligro de que se lea mal la economía y terminen actuando demasiado pronto, lo que profundizaría la recesión, o bien esperando demasiado, lo que provocaría un problema inflacionario. Acá lo más importante es que Bernanke tenga el coraje político de hacer lo necesario y actuar incluso antes de que la economía regrese a lo normalidad. Pero con tanta presión, no podemos estar seguros.

Puede que la crisis haya privado a Bernanke de sus domingos. Y vaya a saber uno de cuántas cosas más. Pero hay un pequeño placer que no resignó. “Junto con Anna, su esposa, son fanáticos de las palabras cruzadas”, dice Wessel. El propio Bernanke, menos acartonado de lo que uno pudiera imaginarlo, vuelve a permitirse un toque de humor cuando habla sobre el tema: “Es lo único que hacemos juntos. Eso muestra qué vida social sexy que tenemos. Pero somos bastante buenos. Podemos hacer el crucigrama del domingo en unos cuarenta minutos”.

Fuente: www.cronista.com