lunes, 10 de agosto de 2009
El gigante asiático empieza a salir de su casa, y no solamente con la realización de inversiones estratégicas sino también con la asistencia técnica nuclear a los países vecinos.
Hambantota, en el sur de Sri Lanka, era un tranquilo poblado costero devastado por el tsunami de 2004. Gwadar, asimismo, era un pueblo de pescadores en Baluchistán, en el suroeste de Pakistán. Hoy, estos pueblos desconocidos surgen rápidamente en un mapa político y económico mayor, gracias a las finanzas e ingeniería chinas, que están convirtiendo sus puertos en instalaciones de clase mundial. Son parte del “collar de perlas” de China: los puertos, puestos de avanzada y centros de distribución describen los crecientes intereses e iniciativas diplomáticas de China en el sur de Asia. El acercamiento se apoya en proyectos de infraestructura, suministros de armas, rutas energéticas y protección diplomática.
Estos avances inquietan sobre todo a India. Nueva Delhi teme que Beijing esté extendiendo su poder para controlar las rutas navieras en el Océano Índico y el Mar de Arabia, olas que prefiere gobernar. Los movimientos chinos podrían intensificar la competencia -y carrera por recursos- entre las grandes economías más dinámicas del mundo, ambas poderes nucleares.
Las relaciones entre ambos no se han recuperado desde una breve guerra fronteriza hace casi medio siglo, en junio de 1962. Hoy, la fría relación a través de los Himalayas sigue causando daños. Puede que el comercio entre los dos mercados emergentes más poderosos de Asia haya crecido, pero la desconfianza no le permite a ninguno bajar la guardia.
La fricción ha aumentado recientemente, con ambos lados enfrentándose por préstamos multilaterales, el acuerdo civil nuclear de India con Estados Unidos, y el comercio.
Uno de los desacuerdos más chocantes es que China haya demorado la aprobación del plan de asistencia crediticia del Banco Asiático de Desarrollo, argumentando que involucra financiamiento a territorios que reclama en el noreste de India. La oposición china es inusual y sorprendió a los funcionarios del banco. Asimismo, China buscó bloquear el acceso de India a suministros nucleares mientras la administración del ex presidente George W. Bush buscaba un acuerdo nuclear civil con Delhi.
Nueva Delhi ha encontrado formas de responder. Una es el comercio: ha impuesto prohibiciones sobre juguetes y teléfonos móviles fabricados en China. Otra es el despliegue de tropas. Hace poco molestó a China reforzando sus fuerzas en la frontera himalaya.
India puede moderar la invasión de productos, pero puede hacer poco respecto de lo que ve como una intrusión regional en Sri Lanka, Burma, su archirrival Pakistán y hasta el ex reino montañoso de Nepal. Las autoridades indias de defensa miran las actividades en Sri Lanka con especial preocupación, no menos porque la isla monitorea rutas navieras importantes por las que pasa mucho del comercio petrolero del mundo.
La milicia china fue decisiva en las últimas etapas de la guerra Colombo contra los Tigres Tamiles, dicen expertos en defensa. Y Beijing ha quintuplicado su asistencia a Sri Lanka a u$s 1.000 millones anuales y aumentado la entrega de armas sofisticadas como aviones Jian-7 y radares de vigilancia aérea.
Hacia el oriente de India, China se ha posicionado como el aliado más cercano y protector internacional de la aislada junta militar de Burma. Para las autoridades indias (algunos de los cuales aún recuerdan cuando Mandalay, la segunda ciudad más grande de Burma, era la ciudad más oriental de la India británica) los estrechos lazos de Beijing con los generales burmeses son causa de gran preocupación.
Muchos indios creen que su principal amenaza es Pakistán, un poder nuclear. Beijing proporciona asistencia técnica y financiera a Islamabad y es descripto por diplomáticos occidentales como la relación más especial de la república islámica. Las relaciones se han profundizado en los 40 años desde que Pakistán fue sancionado por Estados Unidos tras su guerra con India en 1965.
Estos lazos han llevado a las voces más agresivas en India, tradicionalmente enfocadas en la amenaza de Pakistán a volcar su atención a su vecino más poderosos. Algunos advierten que China es una máquina imparable movida por resultados con escaso tiempo para ribetes democráticos. “Cada alcalde y secretario de partido tiene objetivos relacionados con la inversión, producción y crecimiento, alineados con las metas nacionales”, dice Gurcharan Das, analista político en Delhi y ex director ejecutivo de Procter & Gamble India.
Las ansiedades de Nueva Delhi se han exacerbado por la creciente deferencia de los poderes occidentales hacia Beijing, en especial Estados Unidos, que esperan que el dinamismo económico de China rescate a la economía global de la actual crisis.
Muchos funcionarios indios prefieren ser más blandos en sus comentarios acerca de China y su “collar de perlas”. Kamal Nath, ex ministro y ex negociador comercial, dice que India y China siguen dos modelos diferentes pero no necesitan ser antagonistas en búsqueda de crecimiento y poder. “No puede ser India versus China. Tiene que ser India y China”, dice.
Fuente: www.cronista.com
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