viernes, 17 de julio de 2009
Vuelve la securitización de activos de hipotecas de baja calidad y los intentos por captar o retener personal a golpe de chequera, con sobresueldos exorbitantes
“Bonus is back!” (los bonos están regresando) es el grito de guerra que por estos días se oye en cualquier lugar de la City de Londres. La euforia que contagia a los operadores londinenses tiene su motivo: las remuneraciones variables, que hicieron multimillonarios a muchos ejecutivos del sector financiero durante los años de bonanza, han regresado. Y esto se suma a la emisión de activos financieros securitizados con bienes inmuebles. Como si las peores pesadillas que provocaron la hecatombe en los mercados mundiales estuvieran de vuelta. Y encima parecería que en la City nadie se inmuta frente al enorme riesgo que esto conlleva.
Hasta hace pocos meses atrás, hablar de securitizaciones era como haber visto al demonio. Todos juraban que no las iban a volver a utilizar, aunque muchos se preguntaban cómo podrían recuperarse los mercados financieros sin esta herramienta que se había vuelto imprescindible. Porque desde que los bancos se pusieron a transferir el riesgo de incobrabilidad a los mercados a través de los activos securitizados (hasta ese momento se dedicaban a previsionar una parte de los fondos prestados para minimizar el riesgo), las ganancias explotaron, ya que las entidades pudieron disponer de más capital para prestar. Y a pesar de todo lo sucedido desde agosto de 2007 en adelante, resulta difícil imaginar un sistema financiero global más pequeño sin securitizaciones. Y eso parece ser lo que impulsó a los bancos ingleses a lanzarse de vuelta a emitir este tipo de instrumentos. Porque como el gobierno británico viene exigiendo que las entidades aumenten sus encajes para hacer frente a nuevas emergencias, la solución para evitar esta restricción fue la transformación de activos poco líquidos en valores inmobiliarios fácilmente negociables y así reducir los costos de financiamiento de los bancos. Lo que equivale a volver a fojas cero.
Sin embargo, la escalada de salarios también se está convirtiendo en el germen de una situación explosiva futura, como sucedió a partir de 2002 con el boom de los mercados financieros, cuando los bancos se enfrascaron en una guerra comercial para captar los mejores ejecutivos a golpes de chequera y de remuneraciones variables garantizadas que impulsaron la toma de riesgos excesivos para maximización beneficios. A pesar de ello, vuelve la puja por recuperar parte de los ejecutivos que cayeron en desgracia y que fueron despedidos en el peor momento de la crisis (de acuerdo con la compañía de búsquedas laborales Morgan McKinley, las ofertas de empleo en la City de Londres aumentaron un 30% en el primer semestre de 2009). Grandes bancos internacionales como Barclays, Goldman Sachs, Crédit Suisse o JP Morgan contratan nuevamente profesionales que son tentados con mejores remuneraciones, lo que confirma la expectativa de que los bonus de fin de año volverán a dar que hablar. De hecho, el Royal Bank of Scotland (RBS) le acaba de ofrecer a su CEO, Stephen Hester, una remuneración de u$s 16 millones a pagar en 3 años, cuando el banco tuvo que ser nacionalizado el año pasado para evitar que quebrara. Pero en este juego de contrataciones, todavía hay bancos que prefirieron alinear los esquemas salariales y de bonus futuros a la recuperación de las pérdidas de 2008 (“clawback”), como es el caso del HSBC para varios de sus principales ejecutivos, aún a riesgo de que prefieran mudarse a la competencia.
La pregunta que se hacen todos es por qué el gobierno de Gordon Brown tolera el regreso de estas prácticas, que fueron severamente criticadas por el mismo primer ministro como responsables de la crisis económica que vive el país. Para varios analistas citados por medios ingleses, la razón habría que buscarla en lo debilitado que se encuentra el gobierno después de haber perdido las elecciones locales y de que 11 ministros de su gabinete se vieran forzados a renunciar por un escándalo de gastos reservados. Frente a la posibilidad de una derrota en las elecciones generales del año próximo, el gobierno estaría adoptando una posición más laxa, con el fin de lograr que los bancos vuelvan a obtener beneficios y salgan de los números rojos. De esta forma, el gobierno podría poner en venta parte de las acciones del RBS que posee tras nacionalizarlo, para así mostrar a la opinión pública lo bien que manejó la crisis. Sin embargo, la falta de control público podría llegar a generar más adelante las mismas complicaciones que hubo que enfrentar en los últimos 2 años. Los peores vicios del sistema financiero podrían estar regresando. Y es bien sabido que las segundas partes nunca fueron buenas.
Fuente: www.cronista.com
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