lunes, 06 de julio de 2009
El escenario internacional ha cambiado tanto, que ahora los países desarrollados temen por su excesivo endeudamiento y, en cambio, muchos emergentes están superavitarios.
Para quienes vivieron la crisis de la deuda latinoamericana de los años ’80 y los continuos tira y aflojes entre países como la Argentina o Brasil y el Fondo Monetario Internacional (FMI), el escenario actual no puede menos que sorprender. Porque después de décadas de negociar con el organismo sucesivas líneas de crédito y aprobaciones de las cuentas fiscales (¿alguien se acuerda todavía de los “waivers”?), ver hoy que Brasil está dispuesto a financiar al Fondo con la compra de sus bonos, suena a increíble.
Y más si se tiene en cuenta que hace tan sólo cuatro años atrás, tanto el gobierno brasileño como el argentino daban un golpe de efecto anunciando la cancelación de toda la deuda con el organismo, algo que en los ’90 parecía una carga eterna para muchas de las economías emergentes.
Sin embargo, el panorama internacional ha cambiado tanto en estos últimos 10 años, que ahora países desarrollados como EE.UU. tienen que enfrentar problemas por su excesivo endeudamiento y en cambio, muchos emergentes están largamente superavitarios.
Y el FMI se ve obligado a buscar nuevas fuentes de financiamiento para poder asistir a muchas economías con serios problemas de liquidez (principalmente de Europa del Este) a causa de la crisis subprime. Por ello, la junta de directores del organismo decidió la semana pasada autorizar la emisión de bonos por primera vez en su historia (hubo un intento en los años ochenta que no prosperó) y buscar fuentes alternativas para sostener su función de prestamista de última instancia.
La emisión se hará sin límite (aunque se habla de un tope de u$s 150.000 millones) y servirá para recaudar parte de los u$s 500.000 millones que se necesitan para apuntalar a economías en crisis como Islandia, Hungría o Pakistán. Los títulos serán a 5 años y estarán nominados en DEG (Derechos Especiales de Giro, o SDR en inglés), que es la unidad de medida utilizada por el FMI y que consiste en una canasta de monedas donde el dólar pesa por un 41%, junto con el euro, la libra y el yen japonés. Los intereses se pagarán trimestralmente, de acuerdo con el organismo, y la tasa actual de los DEG ronda el 0,37%, calculada a partir de un promedio ponderado de las tasas trimestrales de las monedas que componen la canasta. Si se lo compara con el 0,19% que pagan las Letras del Tesoro (T-Bills) a 3 meses, se convierte en una inversión muy atractiva para muchos países (los bonos sólo estarán disponibles para los gobiernos y organismos multilaterales).
Es así que ya se anotaron para comprar estos nuevos títulos los principales emergentes. China anunció que iba a adquirir u$s 50.000 millones, mientras que Brasil, Rusia y la India aportarían u$s 10.000 millones cada uno. “Esperamos que más países se decidan a comprar, y tal vez otros mercados emergentes”, sostuvo a la agencia Bloomberg John Lipsky, subdirector gerente del Fondo. “Incluso puede haber economías desarrolladas que los consideren una forma atractiva para participar en el apoyo internacional a los esfuerzos del FMI”.
Pero lo concreto es que quienes quieren financiar al organismo son los mismos que vienen reclamando un cambio en el uso del dólar como moneda de reserva mundial, frente a la fuerte depreciación de la divisa estadounidense de estos últimos años. Para China, el mayor tenedor de Bonos del Tesoro del mundo (unos u$s 765.000 millones), la cuestión es crucial porque sus reservas internacionales pierden valor a medida que el dólar se debilita.
El Banco Central de Rusia, por su parte, anunció recientemente que tenía pensado vender parte de su cartera de Bonos del Tesoro para adquirir los del FMI. Para el argentino Claudio Loser, ex director del Departamento Hemisferio Occidental del organismo, “es una victoria para estos países, especialmente China. Porque al invertir en estos bonos van a tener, de manera directa o indirecta, más peso sobre las decisiones que se tomen en el Fondo más allá de sus cuotas de suscripción”.
El tema de las cuotas es un aspecto clave en la nueva relación entre estos emergentes con mucha liquidez y el FMI. Porque en un contexto de gran iliquidez en el mundo y con la necesidad de obtener cuantiosos recursos para financiar los paquetes de ayuda, los BRIC (grupo de los principales emergentes formado por Brasil, Rusia, la India y China) están presionando para que se les reconozca un mayor poder de voto en las decisiones de política del Fondo.
Allí, los países más desarrollados todavía conservan las riendas, con EE.UU. a la cabeza ya que es el único que cuenta con poder de veto. Sin embargo, los analistas coinciden en señalar que va a ser difícil que las cosas cambien demasiado en el corto plazo, debido a que los montos de deuda del Fondo son poca cosa frente a las decenas de miles de millones de dólares que emite casi diariamente EE.UU. en Bonos del Tesoro. Por lo visto, el dólar va a seguir generando en el mundo varios dolores de cabeza por un buen tiempo.
Fuente: www.cronista.com
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