Buscan reducir los pagos de deuda

viernes, 03 de julio de 2009

El Gobierno analiza si lanza un canje de Boden 2012 o si coloca entre los bancos una letra de corto plazo

El Gobierno prepara dos opciones para descomprimir el pago de deuda del próximo año, a través de una letra de corto plazo para los bancos o de un canje de los Boden 2012 después del pago que realizará en agosto. Fuentes oficiales indicaron a LA NACION que, aunque a priori se prevé que el pago de los compromisos oficiales se realice con fondos del Estado, se estudian estas alternativas para cubrir US$ 700 millones que resta obtener este año y unos US$ 3000 millones para 2010.

El tenue optimismo que existe en el Ministerio de Economía refleja cierta euforia que predomina en el mercado tras las elecciones del domingo, porque los inversores financieros creen que ya comenzó el tramo final de la "era K", como comentaron varios analistas locales. Esa sensación se observa en varios bancos de inversión (Deutsche, Morgan y Bulltick, entre otros), que comenzaron a recomendar la compra de bonos argentinos en dólares esta semana.

Ante esa lectura positiva, una de las ideas que se barajan en Economía es que, tras abonar el 2 del mes próximo el cupón de US$ 2200 millones del Boden 2012, se reflote el posible canje del resto de los cupones de este título, que ya se analizaba desde principios de año. El año próximo el país debe pagar 4434 millones por este bono, sobre un programa financiero total de unos 10.000 millones (considerando que no habrá que pagar el cupón atado al crecimiento si el Indec no estira la cifra de este año por encima de 3,2 por ciento).

La brecha por conseguir se ubicaría entre US$ 3000 millones y 5000 millones, según recientes cálculos privados y oficiales. Pero los movimientos todavía son cautos, porque, pese a la mejora en el precio de los bonos, las tasas de interés siguen siendo "exorbitantes" para que el Gobierno pueda ofrecer un nuevo título a los inversores, reconocen en Economía.

Luego del pago del mes próximo "podría haber una fuerte demanda de un nuevo bono", según sondeos recientes de funcionarios. "La mayor parte de los títulos que están en el mercado se encuentran en manos del sector público (Anses, Banco Nación y el Banco Central), por lo que los inversores privados que quieran comprar podrían buscar un nuevo bono si quieren sumar a la Argentina a su cartera."

La segunda alternativa sería colocar una "letra" de seis meses o un año entre los bancos del sistema financiero local, con rendimientos similares a los que se pagan a los organismos del sector público por instrumentos de esa duración (cercanos al 15%). Aunque hasta hace unos meses esa idea causaba escozor en el sector privado, con el reciente cambio político varios bancos se animaron a darle su bendición al plan. "Hay mucha liquidez excedente en el sistema [$ 30.000 millones], y si ofrecen algo parecido a las Lebacs del Banco Central por unos 10.000 millones en varios tramos, puede resultar una oferta atractiva", dijo a LA NACION un experimentado ejecutivo de un banco extranjero con sede en el país.

Casi todos los bancos estiman que la fuente primaria de financiamiento del Gobierno seguirán siendo el dinero que maneja la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) y las reservas del Central. Sin embargo, creen que también hay un espacio para sus clientes porque "en términos financieros la situación es manejable (aunque habrá que seguir monitoreando la salida de capitales) y, a medida que se aclare el futuro político, habrá buenas oportunidades de compra", según el sincero comentario de un ejecutivo.

Al respecto, en el sistema financiero están más interesados en que el Gobierno recupere la credibilidad de sus estadísticas que en que arregle la situación de los bonistas que siguen en default. "Esa es una situación del pasado que puede ayudar, pero no es tan clave como la cuestión del Indec", se sinceró la fuente.

De todos modos, tanto en la Jefatura de Gabinete como en Economía afirman que el posible canje con los holdouts, que se anunció en septiembre pasado y que luego cayó en desgracia por la crisis global, sigue en carpeta para ser lanzado antes de fin de año, ya sin la exigencia original para que los bonistas ingresen dinero fresco. Las autoridades creen que este acuerdo por US$ 30.000 millones -junto con el pago al Club de París- es una condición necesaria para que el país pague tasas más bajas y pueda sostener sin tanto estrés su programa financiero.

Fuente: www.lanacion.com