lunes, 29 de junio de 2009
Por la crisis financiera, Estados Unidos suma medidas que dificultan la participación de compañías canadienses en licitaciones públicas y la llegada de trabajadores de ese país
“¿Qué le hicimos a usted para merecer esto, señor Obama?”, fue el titular que publicó recientemente el diario canadiense The Toronto Star, en referencia a las últimas medidas que dispuso el gobierno de Estados Unidos para evitar que la recesión económica profundice aún más la delicada situación que atraviesa el país. Como el desempleo sigue creciendo, y el nivel de actividad no se recupera (la economía se contrajo 5,5% en el primer trimestre de 2009, en términos interanuales), el gobierno de Obama está tomando algunas medidas desesperadas para contener la crisis. Y una de ellas fue “blindar” la economía lo más posible frente a la llegada de productos y servicios extranjeros. Dentro del plan de estímulo económico de u$s 787.000 millones firmado en febrero de este año por Obama, figura una cláusula de compre americano (“Buy American”) obligatoria para las adquisiciones de insumos de las licitaciones de obra pública en municipios y estados del país que hayan recibido fondos federales.
Si bien la Organización Mundial del Comercio y el tratado de libre comercio de América del Norte (Nafta) entre Estados Unidos, Canadá y México prohíben este tipo de prácticas en licitaciones públicas nacionales, nada dicen sobre las que realizan los gobiernos municipales o estatales. Por eso el gobierno estadounidense hizo la “trampa” de cerrar puertas, en las obras de infraestructura que no son federales, a potenciales competidores extranjeros (a pesar de que sí son financiadas con fondos nacionales).
Para el vecino del norte, la medida es un golpe bajo: Canadá exportó hacia Estados Unidos unos u$s 350.000 millones en 2008 (el 77% del total de sus ventas externas). Y hay sectores en los que las empresas canadienses dependen casi exclusivamente del mercado estadounidense, como el de los servicios de tratamiento de aguas, que facturan u$s 1.800 millones anuales, y que ven sus contratos en peligro por esta medida. Esto afecta a muchas áreas, ya que la obra pública incluye desde la provisión de acero, y otros insumos básicos, hasta computadoras o autos híbridos. “La suba del proteccionismo de a poco es un gran peligro para la reactivación económica mundial”, afirmó el primer ministro canadiense Stephen Harper, al indicar que la medida podría tener efectos negativos más allá de la economía de Canadá. “La gente se pega un tiro en el pie con el proteccionismo”, advirtió Jean Charest, primer ministro de Québec, la provincia ubicada en la región industrial más importante de Canadá.
Por estos días, las autoridades canadienses están en permanente contacto con sus pares estadounidenses para tratar de desactivar este conflicto comercial que afecta, principalmente, el futuro de inversiones, empresas y trabajadores de ambos países. Pero los antecedentes no son demasiado positivos, ya que el mismo Obama fue quien anunció medidas proteccionistas durante su campaña electoral para proteger a la industria de Estados Unidos.
Sin embargo, la realidad indica en estos casos que los damnificados nunca se quedan de brazos cruzados. De hecho, la Federación Canadiense de Municipalidades ya anunció que apoyará las licitaciones de obras públicas que excluyan a firmas estadounidenses, como represalia por la política llevada adelante en Estados Unidos. La municipalidad de Toronto ya lo puso en práctica al excluir a candidatos del otro lado de la frontera en una licitación para la ampliación de la red de tranvías, una obra que costará varios miles de millones de dólares. Es así que la Cámara de Comercio Estadounidense se mostró muy inquieta por la medida del “Buy American”, por los efectos que tendrá en los países perjudicados: el gobierno chino ya avisó que comenzará a aplicar una cláusula similar (“Buy Chinese”) en licitaciones municipales y provinciales. Y, de acuerdo con el New York Times, si Canadá decide aplicar represalias al mercado del tratamiento de aguas (que puede costar u$s1.800 millones a empresas canadienses), las compañías estadounidenses dejarían de ganar u$s 3.000 millones en contratos en Canadá. Hoy, 7 millones de empleos en Estados Unidos dependen de ese país.
Fuente: www.cronista.com
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