Europa sufre la nostalgia de los préstamos baratos

lunes, 08 de junio de 2009

El tradicional sistema del crédito bancario entró en crisis y está obligando a las grandes empresas europeas a buscar nuevas fuentes de financiación

Era tan simple. Cuando las empresas europeas necesitan recaudar dinero, había un lugar obvio al que recurrir: su banco preferido. Por un costo relativamente bajo, las empresas podían elegir entre una lista de banqueros peléandose por prestarles dinero. Era un negocio cerrado, algo aburrido, que tenía lugar fuera del ojo público.

Hoy eso parece un recuerdo lejano. La crisis financiera ha provocado turbulencia en el sector bancario. Muchos bancos han quedado al margen, los que siguen son incapaces de prestar a los volúmenes y precios de antes. Para muchas empresas europeas es un terreno desconocido.

“Los días en que un gerente de finanzas podía salir a un largo almuerzo el viernes con el gerente del banco para extender líneas de crédito se han terminado”, dice Eirik Winter, de Citigroup en Londres.

En cambio, cada vez más bancos dicen a los eventuales deudores que busquen financiamiento de largo plazo en otros lugares, en especial en los mercados de bonos. Como resultado, el antiguamente monótono mundo de los bonos empresariales europeos se ha convertido en una de las áreas más candentes de las finanzas, con el número de nuevas emisiones llegando a niveles récord.

Las empresas europeas han podido emitir algunos de los mayores bonos vistos en ciertos sectores este año, aprovechando la fuerte demanda de inversionistas que ven los bonos de empresas como baratos respecto de las acciones y otras clases de activos. Se vendieron más bonos denominados en euros durante el primer trimestre de 2009 que en cualquier otro momento según Suki Mann, estratega de crédito en Société Générale.

Este auge no es solamente una buena noticia para autoridades y empresarios europeos, que buscan frenéticamente señales de un descongelamiento en el sistema financiero. También apunta a un gran cambio estructural en el financiamiento de las empresas europeas.

Un mundo que hasta ahora ha sido dominado por los cómodos lazos entre bancos y deudores empresariales preferidos (y ha quedado libre del escrutinio externo) podría ser reformado por inversiores anónimos en el mundo de los mercados de capitales. Y eso podría tener amplias repercusiones en el modo en que se hacen negocios en Europa, sin mencionar el arte de la inversión para los grupos regionales de gestión de activos.

“Nada será lo que era. Los bancos retrocederán cada vez más”, dice Rüdiger Günther, gerente de finanzas del minorista alemán Arcandor.

Incluso aquellos bancos deseosos (y capaces) de prestar lo están haciendo en otros términos. Algunos asesores de empresas dicen que sus clientes se han sorprendido al descubrir que los bancos les pedirán que firmen documentos prometiendo negocios auxiliares a cambio de un préstamo.

“Los bancos están mirando más de cerca el costo de las colocaciones y qué negocios pueden conseguir a cambio del cliente”, dice Allegra Berman de UBS en Londres. “Algunos clientes lo entienden, pero para otros ha sido un completo shock”.

El tema es particularmente importante porque el capitalismo financiero al estilo europeo ha diferido de su contraparte americana en algunos aspectos cruciales durante las décadas pasadas. Debido a su mejor disposición a las acciones de transacción pública, las empresas estadounidenses son más abiertas respecto de sus finanzas. Históricamente, los inversores americanos han recurrido a los bonos con mayor entusiasmo que sus primos europeos.

Pero algunos analistas se cuestionan si el mercado europeo de bonos puede soportar una reforma que lo asimile al estilo americano de financiamiento corporativo. Willem Sels, del Desdner Kleinwort admite que los mercados europeos probablemente sean menos abiertos a absorber el aumento en emisiones que el de los Estados Unidos.

Otros, en cambio, son más optimistas, y recuerdan la propia historia europea de innovación financiera, en particular el mercado de eurobonos iniciado en la década de los años ‘60. Hasta la segunda guerra mundial, el mercado de bonos funcionaba básicamente en New York. Eso cambió luego de 1945, cuando una serie de leyes impositivas desviaron un flujo de inversiones desde Estados Unidos hacia el exterior, particularmente hacia Londres, que ofrecía un entorno más amigable.

Operando fuera del escrutinio de autoridades regulatorias nacionales, estos mercados vieron compañías -desde empresas italianas de infraestructura vial hasta fabricantes americanos de computadoras- emitir bonos fuera de sus mercados domésticos y nominados en moneda extranjera. Otro gran momento de expansión para este mercado se dio a finales de los años ‘90, con la creación del euro.

“Cuando el euro entró en vigencia, hubo una esperanza de que nos podríamos mover hacia un estilo americano, pero cuando explotó la burbuja tecnológica en 2001, las empresas volvieron a los préstamos bancarios”, dice Winter, de Citigroup. “Ahora están teniendo un feo despertar. Mucha gente está lamentando haber tomado dinero fácil y barato durante los últimos años y haberse vuelto dependiente de los bancos. Ahora tienen que volver al mercado de capitales a la fuerza”.

Un shock cultural

Sin embargo, el acceso al mercado de bonos no siempre es sencillo. Al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos, las empresas europeas que no tienen altas notas de riesgo crediticio son excluidas del mercado. Inversores como los hedge funds y vehículos estructurados que antes de la crisis fondearon este tipo de empresas de mayor riesgo, ahora están en retroceso.

Las empresas de mayor retorno deberían estar relamiéndose al pensar en condiciones de fondeo más fáciles para ellas, pero eso no está ocurriendo, dado que la demanda por riesgo corporativo no se refleja todavía en un cambio en la calificación crediticia”, dice Suki Mann, de Société Générale.

En el otro extremo de la escala, empresas europeas con un buen perfil crediticio o una marca fuerte han sido capaces de beneficiarse de un rebote en el mercado de bonos, generado por un ingreso de flujos sin precedentes al mercado europeo. En lo que va del año las inversiones en bonos ascienden a 152.000 millones de euros.

De todas formas, para muchas compañías europeas esta situación es un verdadero shock cultural, dice un banquero: “Asistí a varios roadshows de bonos de empresas que emiten por primera vez. Es un escenario completamente nuevo, en el que ellos se encuentran con inversores y deben responder preguntas extremadamente detalladas”.

Antes de la crisis financiera global, había señales de que los mercados de deuda corporativa en Europa estaban empezando a parecerse al mercado estadounidense, debido a que los préstamos estaban siendo ampliamente distribuidos y transados por bancos, hedge funds y préstamos colaterales, todas herramientas estructuradas que financieron el apalancamiento crediticio. Como muchos de esos inversores salieron heridos de la crisis crediticia, los banqueros creen que la presión ahora está puesta en una mayor transparencia en las compañías, de forma que éstas sean más transparentes y recurran a los mercados públicos de deuda.

“El cambio hacia un mercado de capitales debe ocurrir en la medida en que las empresas en Europa busquen una mayor diversificación que aminore su dependencia sobre los bancos”, dice Larry Wieseneck, jefe de finanzas globales en Barclays Capital.

Una de las diferencias clave con los Estados Unidos es la falta de inversores institucionales europeos. Para resolver este punto, algunos bancos están conversando con fondos de pensión y compañías de seguros -tradicionales compradores de acciones y bonos- en un intento de ampliar sus horizontes y así revivir la liquidez en el mercado.

Podría ocurrir también que la naturaleza fragmentada de Europa -que la ha transformado en una innovadora en las finanzas- ahora esté amenazando con retrasar todo el proceso. “La Comisión Europea ha descansado en el éxito del euro y no se ha movido para crear un entramado europeo armónico y unificado”, dice Hans-Jörg Rudloff, jefe de la Asociación Internacional de Mercados de Capitales. “Uno de los temas más importantes es la armonización de los regímenes de bancarrota. También se necesita una autoridad paneuropea del mercado, mayor transparencia y mejor documentación”.

Mientras los países miran hacia su interior en busca de solucionar sus problemas, la dinámica lleva a un regreso a las formas nacionalistas de préstamos, restringiendo la necesaria expansión del mercado de capitales europeo. Pero Rudloff, de Barclays, que ha estado en el negocio de los bonos por más de 40 años, cree que la crisis crediticia va a estimular cambios. “Las tendencias pueden posponerse por un tiempo, pero no interrumpirse”, afirma. “Uno puede creer que Europa va a separarse y que los intereses nacionales van a prevalecer, o por el contrario, que el mismo estrés es el que va a crear un nuevo momentum”.

Fuente:www.cronista.com