lunes, 18 de mayo de 2009
Si bien el nivel de deuda de las familias muestra un descenso por primera vez en seis años, esto obedeció a que se ha incrementado el esfuerzo financiero que deben hacer para afrontar los créditos que se tomaron en años anteriores
Menos deuda de aquí en adelante y más preocupación por pagar la que ya se ha contraído. Esta parece ser la versión abreviada de lo que acontece con las finanzas una vez traspasado el umbral de los casi 10 millones de hogares en la Argentina.
La clave: distinguir las cosas que se desean de las que se quiere evitar, una definición que busca a los gritos recibir la etiqueta de “prudencia”. Justo a tiempo, las familias argentinas están demostrando que saben hacerle frente a la crisis con inteligencia –emocional y de las otras–.
Si bien hasta el 2008 tomar crédito o financiarse con las líneas de las tarjetas en la Argentina fue una herramienta esencial que permitió activar la maquinaria del consumo, en los primeros meses de este año ese reflejo pasó a “mejor vida”. Como resultado de una actitud más prudente, las familias dejaron de endeudarse, al menos en el nivel que lo venían haciendo.
Un informe del Centro de Economía Regional y Experimental (CERX) revela que, por primera vez desde que se inició el ciclo de crecimiento en la era Kirchner, en el primer cuatrimestre de 2009, las familias redujeron su stock de deuda. Esto se complementó con una menor agresividad en las estrategias de las entidades financieras para captar nuevos clientes, convencidas de que en un contexto que golpeaba al sector financiero global, lo importante era ser conservador y mantener la liquidez. En rigor, a fines de abril de 2009, la deuda de las familias ascendió a
$ 64.984 millones, 0,3% por debajo de diciembre de 2008.
Aldea doméstica
Sobre una población aproximada de 38,4 millones de personas y 9,7 millones de hogares, la deuda promedio por hogar fue de $ 9.037 en abril pasado, lo que equivale a 5 meses de ingresos familiares. Este dato es producto de una encuesta que mostró que el ingreso familiar prome-
dio a diciembre de 2008 era de
$ 1.710.
“Las dificultades para hacer frente a los pasivos financieros se incrementaron, aumentó el porcentaje de hogares con dificultades para cubrir sus compromisos, subió la morosidad, y más familias evalúan como “alto” o “muy alto” el peso de la deuda sobre sus ingresos”, señaló Victoria Giarrizo, directora del CERX.
Según la especialista, “los ratios no son alarmantes” aunque menciona que, frente al encarecimiento de la deuda, “el bienestar presente que genera el consumo al cual se accedió vía deuda, hoy no compensa al sacrificio futuro que hay que hacer para pagarla”.
A su vez, señala que “en la medida que la economía no se reactive y se deteriore el mercado laboral, es posible que en los próximos meses continúen aumentando las dificultades para cumplir con los pasivos provocando dos efectos: un mayor deterioro del presupuesto familiar y un incremento en el malhumor familiar. Cualquiera de estas dos opciones golpeará sobre el consumo”.“De continuar el deterioro en la actividad y el empleo, las dificultades para cumplir con los compromisos financieros aumentarán impactando directamente sobre el humor de las familias”, señaló Giarrizo.
Mejor no paguemos, mejor
El reporte muestra además que creció la morosidad de los créditos al consumo y que casi 3 de cada 10 de las familias endeudadas dice estar teniendo dificultades para cumplir con sus obligaciones de dinero. De acuerdo con datos del Banco Central, a febrero del año 2009, la morosidad alcanzó al 5%, el máximo nivel desde 2005. Entre las familias, quienes pidieron hasta $1.000 mostraron una morosidad promedio del 8,5%, mientras que aquellos que pidieron hasta $5.000, ya promedia el 7% en el segmento.
Según los especialistas, esto se debe en gran parte al deterioro que sufrieron los ingresos de las familias. Tanto las suspensiones, reducción de horas extras y eliminación de beneficios en empresas como también los mayores despidos y la retracción de las ventas en todos los rubros comerciales e industriales conforman el abanico de causas aparentes.
A ello se sumó el efecto de la inflación, que redujo la capacidad de repago de la deuda e impulsó en muchos casos a buscar dinero de emergencia en la informalidad. En este punto, el informe se apoya en la relación entre cheques rechazados y cheques compensados, que alcanzó en 2009 un valor de 2,67%, el más alto desde 2002. Mejor ser prudente.
Fuente: www.cronista.com
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