jueves, 30 de abril de 2009
Los gobiernos han proporcionado hasta ahora unos u$s 8,9 billones en financiamiento para bancos. Pero esto es menos que un tercio de sus necesidades
El último Informe de Estabilidad Financiera Global del Fondo Monetario Internacional provee un análisis coherente y sobrio del estado del sistema financiero. Los expertos han elevado sus estimaciones de las pérdidas por disminución en el valor de los activos a unos u$s 4,4 billones. Esto es, en parte, porque el informe incluye amortizaciones sobre activos europeos y japoneses, de u$s 1,2 billones y u$s 149 mil millones, respectivamente, y sobre activos de mercados emergentes en manos de bancos en economías maduras, de u$s 340 mil millones. También porque las pérdidas sobre activos con origen en Estados Unidos treparon a u$s 2,71 billones de u$s 1,40 billones en octubre.
Para poner esto en contexto, las amortizaciones estimadas por el FMI son iguales a 37 años de asistencia oficial al desarrollo en sus niveles de 2008. Las amortizaciones sobre activos estadounidenses y europeos, en gran medida en manos de instituciones ubicadas en esas regiones, también llegan a 13% del PIB agregado.
El FMI señala que el ratio de capital común total respecto de los activos totales (una medida que los inversores abandonaron por una mayor confianza en sofisticados ratios ajustados por riesgo) era de 3,7% en EE.UU. a fines de 2008, pero 2,5% en la eurozona y 2,1% en el Reino Unido. El FMI concluyó que el capital extra necesario para reducir el apalancamiento a 17 a 1 (o el capital común a 6% de los activos totales) sería de u$s 500 mil millones en EE.UU., u$s 725 mil millones en la eurozona y u$s 250 mil millones en el Reino Unido. Para un apalancamiento de 25 a 1, la infusión requerida sería de u$s 275 mil millones en EE.UU., u$s 375 mil millones en la eurozona y u$s 125 mil millones en el Reino Unido.
En las sombrías circunstancias actuales, las posibilidades de recaudar tales sumas en los mercados son cero. Parte de la razón es que igual podría resultar demasiado poco. Después de todo, las estimaciones del FMI de las potenciales amortizaciones sólo sobre activos estadounidenses casi se han triplicado en un año.
Y estas no son las únicas sumas exigidas. Los gobiernos han proporcionado hasta ahora unos u$s 8,9 billones en financiamiento para bancos, a través de líneas de crédito, mecanismos de compra de activos y garantías. Pero esto es menos que un tercio de sus necesidades de financiamiento. En el supuesto de que los depósitos crezcan en línea con el PIB nominal, el FMI estima que la “brecha de financiamiento” de los bancos (la reprogramación de financiamiento mayorista de corto plazo más los vencimientos de la deuda de largo plazo) se ampliará de u$s 20,7 billones a fines de 2008 a u$s 25,6 billones a fines de 2011, o poco más de 60% de sus activos totales. Esto se considera una receta para una contracción enorme en los balances. Más aún, incluso estas sumas ignoran la desaparición de las colocaciones securitizadas a través del “sistema bancario en la sombra”, que era especialmente importante en EE.UU.
Una razón para negarse a rescatar a los bancos es el efecto perverso en los incentivos. La alternativa entonces debe ser la quiebra. Jeremy Bulow, de la Universidad de Stanford y Paul Klemperer, de Oxford, han planteado un mecanismo que lograría esto sin problemas. Las funciones bancarias valiosas de cada institución se separarían en un nuevo banco puente, dejando los pasivos (fuera de los depósitos) en el viejo banco. Los acreedores que queden atrás recibirían capital en el nuevo banco. Pero, para mejor o peor, las autoridades han decidido rescatar sus sistemas financieros con dinero de los contribuyentes. Casi todos los países afectados deberían ser capaces de permitirse esto, al menos según las cifras del FMI. Así que ahora, tras tomar la decisión fundamental de prevenir la quiebra, deben devolver la salud a sus sistemas financieros con la mayor rapidez posible.
Aún así, eso será una condición necesaria, no suficiente, para un regreso a una salud económica robusta. La situación de los mercados de deuda hace inevitable el desapalancamiento. Pero apenas ha comenzado. Aquellos que esperan un retorno rápido a lo que consideraban normal hace dos años están equivocados.
Fuente: www.infobaeprofesional.com
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