Los desequilibrios globales van más allá del riesgo bancario

miércoles, 11 de marzo de 2009

La debacle actual es la crisis de una globalización impulsada y transmitida por la rápida integración de economías muy diferentes

El ciclo de auge y caída en el área de la securitización financiera fue el segmento que mostró reacciones más extremas dentro de la burbuja crediticia global que, en sí misma, reflejó desequilibrios más profundos en la economía mundial. La crisis financiera y los desequilibrios globales son “dos caras de la misma moneda”, dijo Lorenzo Bini Smaghi, miembro del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo.

En consecuencia, volver a poner al mundo en la senda de la prosperidad no sólo requerirá reformas a la gestión de riesgo y la regulación, sino también grandes cambios macroeconómicos a nivel mundial.

Antes de la crisis, los desequilibrios entre ahorro e inversión en las economías nacionales se habían hecho inusualmente amplios. Esto se reflejaba en los grandes déficits y superávits comerciales. Hace justo cuatro años, Ben Bernanke, actual presidente de la Reserva Federal, observó que parecía haber una “inundación global de ahorro”, particularmente en las economías emergentes de rápido crecimiento y en los países exportadores de petróleo.

Este exceso de ahorro hizo caer las tasas de los bonos gubernamentales y alentó una búsqueda de rendimiento por parte de los inversores que redujo las primas por riesgo y contribuyó al colapso de la disciplina del mercado que tuvo efectos devastadores a mediados de 2007.

En realidad, podría asegurarse que, en su sentido más estricto, la crisis actual es la crisis de una globalización impulsada y transmitida por la rápida y profunda integración de economías muy diferentes. Los países en desarrollo de rápido crecimiento, con sistemas financieros poco desarrollados, exportaban sus ahorros al mundo desarrollado, que los empaquetaba y los reexportaba en forma de productos financieros.

Ken Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard, señaló que suponer que todo esto era sostenible daba por descontado que los principales centros financieros –sobre todo Nueva York y Londres– podían crear esos productos financieros de manera eficiente y sin estallar. No pudieron hacerlo.

El derrumbe de la disciplina del mercado y la supervisión regulatoria fue más extremo en el mercado de títulos respaldados por la deuda hipotecaria en Estados Unidos. Sin embargo, es difícil considerarlo simplemente una crisis de la innovación financiera porque se tomaron riesgos excesivos en muchas otras áreas. Mientras los bancos de EE.UU. acumulaban títulos respaldados por hipotecas de alto riesgo, se cometían errores al fijar el precio de los préstamos para el sector de private equity y los bancos austríacos le daban crédito riesgoso a los hogares del este de Europa.

Incluso si no fueron los desequilibrios económicos globales los que causaron directamente la crisis, es la combinación de los desequilibrios macroeconómicos con las fallas microeconómicas del mercado lo que hace que la crisis actual sea tan peligrosa. Los hogares estadounidenses y británicos, que en los buenos tiempos absorbieron el superávit de ahorro extranjero, acumularon deuda y quedaron expuestos cuando hubo un vuelco en los precios de la vivienda y se cortó el crédito.

Durante el primer año de la crisis, mientras caía el gasto en EE.UU. pero los países emergentes continuaban creciendo con fuerza, lo que fortaleció las exportaciones norteamericanas, pareció posible lograr un ajuste económico global menos desastroso, pero la intensificación de la crisis en septiembre pasado, empujó al mundo hacia un abrupto y universal retroceso del sector privado.

Los gobiernos están cubriendo la brecha como gastadores de último recurso. Este año financiero, EE.UU. tendrá un déficit de presupuesto de 12,3 del PIB. Además, pueden pasar años antes de que los hogares puedan equilibrar sus finanzas. Si esto es así, a menos que el gasto se recupere y caiga la tasa neta de ahorro en otras partes del mundo, el gobierno estadounidense podría tener déficits fiscales gigantescos, un proceso que en última instancia arruinará las finanzas públicas.

Por lo tanto, el rebalanceo económico global puede ser una condición necesaria para concretar una salida sustentable de la crisis. Mientras los encargados de fijar las políticas públicas evalúan las reformas a las normas que rigen las finanzas mundiales, sería importante tener en cuenta que una economía más equilibrado podría permitir que el mundo viviera con una sistema financiero menos perfecto.

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Fuente: Cronista.com