jueves, 05 de marzo de 2009
No es futurismo. En realidad, el análisis técnico mira hacia el pasado para intentar predecir el futuro. Y con ese objetivo, se sirve de “marcas” que le anticipan qué podría pasar si todos le prestaran atención a los mismos datos.
“Soporte y resistencia”. Parece un lema pensado exclusivamente para abroquelarse y aguantar que caigan los sapos de punta en estos tiempos de crisis pero, en realidad, es justamente lo contrario, el santo y seña para entrar y salir del mercado sin que la guillotina marca “Obama” termine con la vida bursátil de los inversores. En rigor, se trata de piezas clave del análisis técnico de mercados financieros y hoy están en boca de todos porque al darle lugar, les ha ahorrado a muchos inversores más de un dolor de cabeza.
Los 750 puntos del S&P500, los 1.000 puntos del Merval o los 7.000 puntos del Dow Jones son los más conocidos del momento. ¿Por qué?
“Por estos días, tenemos niveles de precios de soporte que han sido respetados en los últimos 20 o 30 años. Es por eso que se habla de esos niveles”, señala Javier Salvucci, analista de Silver Cloud Advisors. Salvucci señala que la importancia de esto es que los inversores saben que no se trata de niveles de trading (comprar y vender en el día) ni de corto plazo. “Uno siempre piensa que el mercado tiende a respetar estos niveles”, agrega.
Un soporte es un nivel de precios que se ubica por debajo del precio actual, en el que se espera que la fuerza de compra supere a la de venta. Esto hace que si existe en el mercado un impulso bajista, éste se verá frenado y por lo tanto el precio repuntará. Normalmente, un soporte corresponde a un mínimo alcanzado anteriormente. Claro que no todas las fechas son iguales.
Aunque menos difundida en la actualidad (por razones obvias y bajistas) que el soporte, una resistencia es el concepto justamente opuesto. Se trata del precio de mercado por encima del que se tiene en la actualidad y en el que la fuerza de venta superará a la de compra, poniendo fin al impulso alcista. El efecto lógico sería que el precio retroceda. Las resistencias se identifican comúnmente en una gráfica como máximos anteriores alcanzados por la cotización.
Ya en el terreno de juego, los soportes y resistencias sirven para indicar zonas de entrada y salida de las posiciones en las que el inversor se encuentra parado. De alguna manera, los analistas confían en ellas porque marcan una de las vertientes psicológicas del mercado: un soporte es interpretado como un nivel relativamente barato en el que cotiza un activo y una resistencia como un nivel relativamente caro.
Claro que esta interpretación se complica en un contexto como el actual. “Se trata de un complemento, una herramienta más de aquellos que tienen una cartera de inversión”, dijo Salvucci.
Según los libros de finanzas, un soporte dentro de una tendencia alcista debería servir –en teoría– para acumular acciones. Una resistencia dentro de una tendencia bajista debería despertar una venta.
Un clásico inmortal
Amor odio. En la city porteña –en cualquier city– existen aquellos que adhieren a esta “escuela” y aquellos que consideran que sólo hay que prestar atención a los datos fundamentales. Así, se esconden inversores que intentan anticiparse al futuro usando métodos alguna vez considerados opuestos. Para algunos, el pasado no interesa ya que “el mercado no tiene memoria”. Estos son los “fundamentalistas”. Para los otros, la historia se repite y las personas actúan de igual manera ante situaciones similares: dicen ‘hay que saber lo que sucedió para saber lo que vendrá‘.
El análisis técnico –al que se lo llama ‘chartista‘ debido a la utilización masiva de gráficos (charts)–, se concentra en la evolución del precio de las acciones y el recorrido que éstas dibujan en el gráfico. Presupone que lo esencial de las companías se concentra en el comportamiento del precio de su acción y con el propósito de predecir futuras tendencias en el precio. Un seguidor de los technicals piensa “si la acción rebotó dos veces en $ 3,20, entonces hay una gran probabilidad que rebote de nuevo en $ 3,20”.
Para los “fundamentalistas”, lo importante a la hora de evaluar una empresa son los números de venta, activo, ganancia, valor libro, capacidad de gerenciamiento, entre otros. Un fundamentalista piensa “la acción vale por las propiedades implícitas de la empresa misma”. Claro que esto puede ser gritado a los cuatro vientos mientras el precio del papel cae a pique y el inversor agita sin consuelo las mil páginas del balance de turno. Toda una injusticia.
Fuente: El Cronista
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