El deporte sirve de fachada para los grandes fraudes del mundo financiero

martes, 03 de marzo de 2009

¿Qué sabía el multimillonario texano R. Allen Stanford sobre criquet? Este deporte tiene fama de ser incomprensible para todo el mundo fuera de sus reductos ingleses, australianos, indios y caribeños. Sería difícil concebir algo menos texano que una competición lenta y gentil, en que el atuendo y las pausas para tomar té son tan importantes como la puntuación en sí.

Y aun así ocurre que Stanford era uno de los patrocinadores principales del deporte, y que atrajo la atención del público en calidad de promotor y campeón. Ahora que la Comisión de Valores de Estados Unidos (la SEC, por su siglas en inglés) le ha entablado una demanda civil en la que lo acusa de montar un “fraude enorme y persistente”, Stanford le ha hecho pasar una tremenda vergüenza al Consejo de Criquet de Inglaterra y Gales, uno de los receptores de la prodigalidad ilimitada del financiero. Pero, según un artículo de la agencia Bloomberg, no es la primera vez que una compañía o magnate dudosos han sido patrocinadores importantes de competiciones deportivas. En realidad, demasiadas agrupaciones deportivas han permitido que hombres excesivamente ambiciosos las usen de fachada.

Hace un par de años, Calisto Tanzi, el ex jefe ejecutivo de la quebrada empresa alimentaria italiana Parmalat Finanziaria, apoyaba toda una serie de torneos. La compañía financió un equipo de carreras de Fórmula Uno por muchos años, prodigó dinero en torneos de esquí, respaldó equipos de fútbol en Italia y Brasil y contrató al astro futbolístico Ronaldo para que promocionara sus productos. A Tanzi lo sentenciaron a 10 años en una prisión de Milán en diciembre pasado por engañar a inversores.

Igualmente, Enron fue un patrocinador importante del equipo de béisbol de los Astros de Houston: en una ocasión accedió a pagar u$s 100 millones por el derecho de colocar su nombre en el estadio de los Astros. Mientras que Thaksin Shinawatra, el ex primer ministro de Tailandia que huyó al Reino Unido después que le formularon cargos de corrupción en su país, compró el equipo de fútbol Manchester City y lo vendió a una compañía de inversiones de Abu Dhabi.

Y si bien nadie acusaría a bancos quebrados como Royal Bank of Scotland Group de delito alguno peor que la arrogancia -fue una de las primeras entidades financieras en tener que ser rescatadas por el gobierno británico-, es notable que la entidad prestamista haya derrochado decenas de millones en tratos deportivos: era uno de los patrocinadores principales del campeonato Seis Naciones de rugby.

La única sorpresa es que Bernard Madoff no patrocinaba ninguna competición deportiva. Un torneo de golf en Palm Beach habría sido una ocasión ideal para encontrar clientes nuevos. Lo que parece evidente a la luz de los ejemplos es que los inversores deberían fijarse en las camisas de los equipos de fútbol, el capó de los autos de carreras de Fórmula Uno y los nombres en las carteleras tras los postes del terreno de rugby antes de realizar cualquier movimiento de dinero.

El que una compañía gaste sumas sospechosamente grandes en acuerdos deportivos, podría ser un indicador de que es buena idea vender sus acciones, sus bonos, o directamente retirar el dinero que uno tenga en sus fondos. El deporte profesional se ha permitido convertirse en un vehículo por el que empresas dudosas se legitiman.

Fuente: El Cronista