Dispar crecimiento del microcrédito en América latina

viernes, 27 de febrero de 2009

Otorgar préstamos a los pobres no es un negocio en el que los bancos deberían zambullirse para compensar las pérdidas. Los riesgos de un mercado desconocido

Parecería ser de otra época. “La forma de hacer negocios es visitando al cliente”, comentó Jeronimo Ramos, uno de los directores de Banco Real en San Pablo. “Una buena entrevista consiste en pasar todo un día con un cliente y charlar con sus vecinos”.

Sin embargo, Ramos no se está refiriendo a la mayoría de los clientes del Banco Real, parte del grupo español Santander desde 2007. Si los clientes de Real, la mayoría de clase media, solicitaran un préstamo, serían evaluados a través de los sistemas automatizados de riesgo crediticio que posee el banco.

Ramos se refiere a los clientes de Real Microcrédito, una división del banco que presta dinero a personas con emprendimientos muy pequeños, que mayormente se encuentran en las favelas de las grandes ciudades del sur de Brasil y en las comunidades pobres de la región noreste del país, menos desarrollada.

A medida que el sistema bancario global se sumerge en la peor crisis desde la década del ‘30, esta clase de “actividad bancaria basada en las relaciones” parece ser la mejor opción para sobrellevar la crisis.

Pero como ilustra el largo historial de microcréditos en América latina, otorgar préstamos a los pobres no es un negocio en el que los bancos deberían zambullirse para compensar las pérdidas en otros sectores.

América latina ha sido pionera en el área de los microcréditos desde principios de la década del 70 y ahora tiene algunos de los índices de penetración más elevados del mundo.

Los microcréditos abarcan, por lo menos, dos sectores bien definidos. Uno es generalmente denominado microfinanzas: préstamos chicos destinados a emprendimientos muy pequeños y pequeños. Esta modalidad alcanzó un desarrollo más sólido en los países andinos, quizás debido a los fuertes lazos comunitarios, que son centrales para su éxito. Pero el panorama en el resto de la región es diferente.

Según la Corporación Financiera Internacional (CFI) –el brazo de financiación privada del Banco Mundial– la penetración de las microfinanzas en Brasil y Argentina es de aproximadamente 3%.

Sin embargo, este índice en Paraguay, Chile y Perú se encuentra entre 25% y 35%. En Bolivia, donde el mercado está saturado y aquellos que quieren obtener un préstamo recurren a varias fuentes simultáneamente, la penetración supera 160%, según la CFI.

El otro sector del negocio ofrece pequeños créditos a la gente pobre, en su rol de consumidores en lugar de emprendedores.

Cuando quienes otorgan los préstamos conocen bien a sus clientes, por ejemplo, cuando son consumidores habituales de una cadena de venta minorista, los resultados son buenos. Cuando los bancos se lanzan ellos mismos en un mercado altamente desconocido, por lo general tiene problemas.

Fuente: Financial Times