El día que Estados Unidos adoptó el ‘que se vayan todos’

jueves, 29 de enero de 2009

Rebecca Trevino todavía no consigue metabolizar la bronca. Madre de tres hijos en la ciudad de Louisville, en el estado de Kentucky, bien podría describírsela como una típica estadounidense. Una típica estadounidense furiosa, debería decir.

Trevino fue despedida del Bank of America en octubre y es uno de los 100.000 empleados bancarios que ya se quedaron sin trabajo en EE.UU. en los últimos dos años, en una industria que vio triplicarse la tasa de desempleo.

Pero lo que la indigna es otra cosa: Ken Lewis, el CEO del banco, no sólo sigue en su despacho sino que fue “rescatado”. Y los contribuyentes que lo salvaron no tienen posibilidad alguna de influir en su destino. A veces la vida es injusta, debe pensar esta ama de casa desesperada, aunque su desesperación no tenga ni una pizca en común con el tedio glamoroso de los suburbios.

De hecho, un informe reciente de la agencia AP reveló que el 87% de los ejecutivos senior de la industria financiera que ocupaban un cargo en 2006 todavía permanece en su puesto. La pregunta debe merodear en la cabeza de más de uno: ¿tiene sentido confiar en que estos señores sabrán usar el dinero y tomarán mejores decisiones esta vez?

Después de todo, fueron los artífices del naufragio que ya le costó la quiebra a 28 bancos de EE.UU., tres de cuales se despidieron de sus atribulados clientes en lo que va de este año. A juzgar por este ritmo, el saldo de caídos podría duplicarse en 2009 para igualar al de toda la última década. Y aunque se esté muy lejos de las 4.000 entidades que se llevó la Gran Depresión de los años treinta, la indignación no sólo bulle en Kentucky.

El cada vez más suculento plan de estímulo del presidente Obama promete al menos cierto contrapeso a tanta calamidad. Algo así como un 3% del PIB nominal por año intentará poner nuevamente en marcha la economía, mientras que la Reserva Federal sigue imprimiendo dinero con la doble esperanza de que los bancos vuelvan a prestarle a la gente y que la inflación no asome otra vez la cabeza cuando menos se la necesita.

Y la cosa funcionará, parece ser, aunque no por las razones más obvias. Varios analistas creen que aún la masiva dosis de adrenalina que suponen u$s 900.000 millones se quedará corta. La recuperación, dicen algunos economistas, vendrá de un reflejo de los propios consumidores.

Para el segundo trimestre de este año ya comenzará a notarse cierta estabilización en el nivel de gasto de los estadounidenses gracias a que la tasa de ahorro de las familias habrá alcanzado un nivel aceptable.

Es sabido que los estadounidenses, endeudados como pocos, nunca fueron amigos del ahorro. Pero hay hábitos que a veces se cambian a la fuerza, como bien sabemos los argentinos que aprendimos a usar el débito en 2001 para hacer compras.

Después de estar en casi cero a inicios del 2008, la tasa de ahorro llegó a 2,8% para fines de año y treparía pronto a 5%, un nivel que según algunos ya permitiría que el consumo vuelva a sus andadas, aunque más no sea discretamente y con la convicción de que ya no se podrá gastar como antes. Y de esa manera incluso podría llegarse a recortarse la necesidad de más terapia fiscal.

Para la señora Trevino, que hoy adscribe sin saberlo al tan argentino “que se vayan todos”, esto podría sonar como una buena noticia. Después de todo, hay algo que todavía está en sus manos.

Fuente: El Cronista