La cuestión con China no pasa por el tipo de cambio

martes, 27 de enero de 2009

En lugar de preocuparse tanto por la divisa china, lo que debería hacer Occidente es presionar a China para que gaste más.

Tim Geithner, elegido por el presidente Barack Obama para ocupar el puesto de secretario del Tesoro de Estados Unidos, jugó con fuego la semana pasada cuando le dijo a los senadores de su país que China estaba “manipulando” su moneda. Para manejar los desequilibrios económicos que están en el corazón de la crisis actual, EE.UU. debe incorporar a China a la discusión. El ruido de sables sólo complicará la tarea.

De hecho, desde que este país asiático abandonó su vínculo con el dólar en 2005, el yuan se valorizó más de 20% contra la divisa estadounidense. No sería sorprendente entonces que los chinos se sientan menospreciados por las palabras de Geithner.

Mostrarse complaciente con el sentimiento antichino en el Congreso de EE.UU. puede haber ayudado a facilitar el proceso de confirmación para el nuevo secretario. Incluso, dada la virulencia de algunos políticos estadounidenses en lo que respecta a las relaciones comerciales entre EE.UU. y China, hasta podría haber sido una manera de frenar anticipadamente demandas legislativas más radicales en el futuro.

Pero este episodio muestra hasta qué punto la preocupación de manejar el Congreso corre riesgo de interferir en una política económica internacional responsable. Obama debe empezar a ver la crisis como un problema global que EE.UU. no puede solucionar solo.

China y EE.UU. son ambos responsables de los enormes flujos internacionales de capital que inflaron las burbujas que ahora han estallado: China por exceso de ahorro, EE.UU. por exceso de endeudamiento. Puesto que EE.UU. seguirá siendo un tomador de crédito neto –el sector privado simplemente le pasa el turno de endeudarse al gobierno– China debe ahorrar menos.

Este país puede lograrlo expandiendo el gasto doméstico de manera más agresiva, dirigiendo los frutos del crecimiento chino hacia sus propios ciudadanos y no hacia los tomadores de crédito estadounidenses. Esto es lo que el mundo debe decirle urgentemente a los líderes chinos: actúen ahora por su propio interés, y no sólo por nosotros.

La obsesión de EE.UU. con el tipo de cambio bilateral está equivocada: si China comienza a gastar en casa, el equilibrio comercial y el tipo de cambio real irán de todos modos en la dirección correcta.

Además, esta obsesión resulta contraproducente. Podría hacer que China opte por súbitos y drásticos reajustes en su tipo de cambio y en su gestión de las reservas en divisa, incluyendo su disposición a seguir siendo tenedora de bonos soberanos de EE.UU.

Se debe alentar a China para que haga sentir su peso, como la superpotencia económica en la que se ha convertido. Sin embargo, es improbable que la retórica estridente que prevalece ahora en Washington pueda lograrlo. Obama, cuya plataforma electoral ensalzó la diplomacia, dijo en su discurso inaugural que “nuestro poder crece a través de su uso prudente”. En cambio, podría considerarse que el primer disparo de Geithner fue imprudente.

Fuente: Financial times