El mercado cree que Brown se quedó corto y deberá nacionalizar más bancos

jueves, 22 de enero de 2009

Pensado para crear confianza, el nuevo salvataje tuvo el efecto contrario: se cree ahora que el problema es mucho mayor de lo que se informa

En los años ’80, el economista estadounidense John Kenneth Galbraith criticaba la pena de muerte y la consideraba inútil para combatir el delito. Si el objetivo era desalentar los crímenes más graves, sostenía Galbraith, en realidad lo que se estaba mostrando era que no podían controlarlos eficazmente y por lo tanto, se echaba mano a medidas extremas. Las estadísticas le terminaron dando la razón. Hoy pasa algo similar con los rescates al sector financiero que se anunciaron en los últimos meses. Y el caso de Inglaterra hoy resulta paradigmático: el último salvataje no hizo más que confirmar lo peor y exacerbar el miedo de los inversores.

En octubre de 2008, el gobierno británico decidió lanzar un paquete de medidas por u$s 412.000 millones para que se recuperara la confianza en el sistema financiero y se relanzara la oferta de créditos. En momentos en que los EE.UU. se debatían respecto de si servía el plan de Henry Paulson, entonces secretario del Tesoro, que pretendía recomprar los activos tóxicos, apareció este plan del Primer Ministro Gordon Brown, que inyectaba capitales en los bancos y que sirvió como modelo para el resto del mundo. Pero frente al fracaso de tales medidas, en los últimos días el gobierno británico tuvo que anunciar un segundo paquete para apuntalar el edificio bancario, que se tambaleaba peligrosamente (la acción del Royal Bank of Scotland cayó un 70% el lunes luego de informar pérdidas por hasta u$s 39.000 millones en 2008, el mayor rojo en la historia del país).

La medida no trajo el alivio esperado sino todo lo contrario. Ayer, en el marco de las tenebrosas cifras de desempleo, la libra esterlina tocó su nivel más bajo contra el dólar desde 1985, cuando Margaret Tatcher estaba en el poder, mientras que la bolsa volvió a terminar en rojo. La libra tocó los u$s 1,3622, si bien terminó apreciándose un 0,4% a u$s 1,3981, luego de que se informara que el G-7 abordaría en su próxima reunión la devaluación de la moneda. El índice FTSE 100 cayó 0,8%, su nivel más bajo desde el 5 de diciembre y ya pierde 2,1% esta semana por el temor a más nacionalizaciones de bancos. Barclays se hundió ayer 9,3% tras llegar a perder 35% y ya acumula un retroceso de 61% en seis ruedas.

Es evidente que las palabras de Brown para calmar los ánimos no sirvieron de mucho. “No se trata de un cheque en blanco para los bancos”, advirtió al anunciar el nuevo plan. “Existen varias condiciones y la principal es que, como contraprestación por nuestro apoyo, los bancos tendrán la obligación de prestar a las empresas y a las familias de nuestro país. No me voy a quedar de brazos cruzados cuando hay gente que quiebra a causa de errores irresponsables de algunos banqueros” , aseguró. Las medidas de este nuevo paquete incluyen la compra de todos los activos tóxicos hasta un 90% de su valor (el viejo plan de Paulson) y líneas directas de financiamiento del Banco de Inglaterra a empresas, a cambio de activos (obligaciones negociables, etc.).

Ducha escocesa

Si la pérdida anunciada por el RBS fue un baldazo de agua fría en la ya maltrecha confianza de los inversores, el paquete de medidas bis terminó convirtiéndose en una ducha escocesa. Mientras que el objetivo del gobierno era devolver la confianza y generar una apreciación de la libra, el resultado fue el opuesto. La sensación que impera es que el gobierno se quedó corto con el primer paquete porque en realidad no conoce la real magnitud de la crisis, y por lo tanto, la situación puede ser mucho peor de lo que se informa. Y de hecho, Standard & Poor’s indicó en uno de sus últimos informes que el gobierno se vería obligado a una mayor nacionalización de la banca inglesa (el Estado ya posee el Northern Rock, el Bradford & Bingley y parte del RBS y del Lloyds TSB). En esa dirección podrían caer bancos que hasta ahora no fueron asistidos con fondos públicos como el HSBC y el Barclays.

Todo esto dispara los miedos de los inversores, que temen que estos bancos posean la misma cantidad de activos tóxicos que los que ya fueron rescatados, lo que termina hundiendo aún más a las acciones de estas entidades. Esto también se refleja en el valor de la libra, que de a poco se aproxima a la paridad con el euro, cotización que además refleja la preocupación por que la deuda pública se expanda (por la compra de activos por parte del banco central) y termine perdiendo su calificación AAA, como le acaba de suceder a España. “Estas medidas podrían no ser suficientes para que los bancos se pongan de nuevo a prestar a tasas razonables”, indicó Victoria Redwood, de la consultora internacional Capital Economics. Aparte de que muchos de los préstamos que se otorgaban en Gran Bretaña eran de bancos extranjeros que se retiraron (principalmente de Islandia), todos ya comienzan a especular con la fecha del siguiente rescate financiero.

Fuente: El Cronista