Refundar el sistema financiero, una promesa que deberá desafiar al lobby

martes, 20 de enero de 2009

Fue uno de los caballitos de batalla de la campaña. Habría limitaciones para los bancos comerciales y se prohibiría que operen fondos especulativos. Reduciría la rentabilidad pero también el riesgo

Llega la hora para una de las promesas de campaña más ambiciosas del electo presidente Barack Obama: la reforma del sistema financiero estadounidense e internacional y más precisamente de su sistema regulatorio (cuya credibilidad quedó muy deteriorada). Obama volvió a retomar el tema de las regulaciones al presentar a Mary Schapiro, nueva presidente de la SEC, organismo que durante la crisis fue acusado de haber fallado en su tarea.

“Como sostuve a lo largo de mi campaña, algo que será tan importante como nuestra estabilidad económica de largo plazo es un esquema regulatorio del siglo XXI para asegurarnos de que no vuelvan a suceder crisis como la actual”, afirmó Obama y agregó que los reguladores “se quedaron dormidos al volante”.

La reforma que se estaría preparando es de las más amplias que se recuerde y por su amplitud, corre el riesgo de quedarse a mitad de camino. Si bien aún no se conocen los detalles, algunos aspectos quedaron expuestos en los últimos días (presentados por el Grupo de los 30 que asesoró a Obama): limitar el tamaño de los bancos comerciales y evitar a los “supermercados financieros”, tal como se bautizó el Citi hace unos años atrás cuando fusionó el área de banca comercial con la de inversión. Este modelo de megabanca podría desaparecer si se avanza con las regulaciones presentadas. Se prohibiría a los bancos la gestión de hedge funds y de fondos de private equity, lo que redundaría en sus rentabilidades, pero al mismo tiempo reduciría el riesgo sistémico.

Pero también se reforzaría el control de los hedge funds, de las agencias calificadoras y de los fondos de capital riesgo, así como se redefiniría el status de las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, para convertirlas en entidades 100% públicas o brokers hipotecarios totalmente privados. Por otra parte, las medidas abarcarían además la operatoria de los mercados de derivados (se podría limitar el monto de las transacciones privadas), que representan un volumen global de u$s 350 billones.

Parte de esta gama de nuevas medidas regulatorias se haría de manera consensuada con varios de los principales países desarrollados. Se habla de controlar mejor la banca offshore y los paraísos fiscales, de limitar el uso del apalancamiento para las adquisiciones de empresas (un viejo anhelo de la Unión Europea), mayores regulaciones en materia de normas contables y gobierno corporativo (sería una vuelta de tuerca de la ley Sarbanes-Oxley que se implementó en 2002 luego del escándalo Enron y que generó críticas por su costo) y límites a las bonificaciones de los ejecutivos o darle mayores responsabilidades al Fondo Monetario Internacional y crear un consejo económico en la ONU.

Fuente: El Cronista