Dólares al colchón, pesos a los bancos: ¿y el fin de la recesión?

martes, 27 de noviembre de 2018

Crecen los depósitos privados en pesos pero caen los préstamos. El ahorro y la actividad económica.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) anticipó que, después de un fuerte impulso en los últimos dos años, la economía mundial va camino a la desaceleración.

La guerra comercial de Estados Unidos y China (punto clave de la reunión del G20 de esta semana en Buenos Aires), las consecuencias de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la suba potencial de la tasa de interés de los bonos de EE.UU. apuntan a complicar el panorama económico mundial.

Los países emergentes pagarán parte de las consecuencias de esos cambios en el mundo desarrollado y, en ese contexto, la Argentina jugará su partido con el adicional de hacerlo en un año electoral.

Como parte de ese cóctel está el ingrediente del proceso de ajuste de la economía argentina de la mano de la estampida del dólar de entre junio y septiembre generada porque el mercado internacional le cortó el financiamiento al país.

En las últimas siete semanas, y después de un auxilio extraordinario (por monto, US$ 57.100 millones, y velocidad) del Fondo Monetario, el Gobierno logró estabilizar el mercado cambiario.

Ese resultado cobra relevancia a partir de dos resultados en materia financiera: un dólar mayorista de $36,63, con un alza de sólo 0,1% en un mes, y la fuerte suba de los depósitos en pesos de los particulares en los bancos.

La calma cambiaria, incluso, está llevando a que algunos pronósticos, del estudio de Orlando Ferreres, por caso, empiecen a hablar de que la inflación de noviembre podría estar más cercana a 2,5% que al 3% que el Gobierno había estimado como óptimo.

El dólar más quieto estaría ayudando a moderar la suba de los precios después de una corrida que impulsó la inflación y esmeriló con intensidad el poder de compra de los salarios.

La calma, también y como es tradicional en la Argentina, impulsó el traslado de parte de los dólares acumulados en tiempos de incertidumbre hacia las colocaciones en pesos en el sistema financiero.

De una comparación sobre la evolución de los depósitos y préstamos privados en pesos que realizó el Estudio Ricardo Arriazu surge que los plazos fijos crecieron en 282% entre octubre y septiembre.

También crecieron los depósitos en dólares pero, en este caso, en colocaciones en caja de ahorro.

Una lectura rápida indica que los que apuestan por las tasas altas en pesos están dispuestos a arriesgar más que los tenedores de dólares que los depositan en cuentas a la vista para tenerlos más a mano.

Pero el dato relevante es que, se trate de pesos o de dólares, los depósitos crecen mientras que los préstamos, la otra cara de la realidad de un banco, fueron para abajo y en forma pronunciada.

Los préstamos en pesos bajaron $21.344 millones entre septiembre y octubre y seguían bajando en la primera semana de noviembre.

Los créditos en dólares (recordar que los bancos sólo los pueden acordar con empresas o actividades exportadoras) habían caído casi US$600 millones en septiembre y siguieron bajando en cerca de US$300 millones en octubre y principios de noviembre.

En las cuentas de los bancos está que captan dólares que en su mayoría quedan encajados por exigencia del Banco Central, y en el flanco de los pesos está que toman depósitos del sector privado que, en buena medida, se colocan en Letras de Liquidez (Leliq) del Banco Central que ahora pagan en torno de 61,7% anual.

Ese resultado es buscado por Guido Sandleris, presidente del Banco Central, para avanzar con su objetivo de crecimiento cero de la cantidad de dinero, en el intento de mantener tranquilos al dólar y a la inflación.

Una fotografía de esa realidad muestra que buena parte de los dólares de los argentinos siguen en el colchón, que otra se pasó a pesos y está en los bancos pero que esos depósitos no se transforman en préstamos. Esperar una salida de la recesión sin crecimiento del crédito es en vano. ¿Hasta cuándo la actividad estará con freno de mano?

 

 

Fuente: Clarín