políticas financieras

La fiesta de los bonos y el dilema del dólar

jueves, 15 de mayo de 2014

Un corto plazo recesivo y la apuesta a un mediano plazo expansivo forman parte hoy de la misma moneda de la economía argentina, sobre la que muchas decisiones ya se toman con la mirada puesta en 2016, con otro gobierno.

Hay evidencias concretas de que desde el exterior hay grandes capitales buscando ganar plata con cierta facilidad a partir de la elevadísima tasa que ofrecen los títulos públicos argentinos.

En la última semana, se produjo una megaoperación con bonos argentinos a partir del pago de US$ 5.000 millones que el Gobierno le pagó a Repsol como compensación por la confiscación de YPF.

En los mercados había cierta inquietud sobre la forma en que Repsol iría desprendiéndose de esos bonos para hacerse del efectivo que dijo necesitar para invertir en otras iniciativas que tiene en el mundo.

El telón ya se corrió y la decisión fue vender la gran mayoría (US$ 4.823 millones) de una sola vez y al gigante financiero JP Morgan, uno de los principales bancos de inversión de los Estados Unidos.

Esta megaoperación, que se hizo entre el viernes y anteayer, saca a la luz dos datos importantes: 1) En el mundo sobra liquidez para financiar negocios cuando prometen rentabilidad.

2) Esos bonos, que al momento de la compra del Morgan rendían 11% anual en dólares, son también la evidencia del alto costo financiero que paga el país que, a diferencia de los vecinos que se financian a menos del 5% anual, tiene prácticamente vedado tomar fondos en el exterior.

Uno de esos papeles, el Bonar 2024, subió más de 3% consolidando, supuestamente, esa visión de los banqueros que hoy ven un jugoso negocio en comprar esos bonos con alto rendimiento que los terminan pagando, vía impuestos o recortes de las posibilidades de crecimiento, toda la población.

La fiesta financiera a la que apuestan los bancos y los grandes inversores debería traducirse en una sensible baja de la tasa de interés que paga el país en el mediano plazo.

Una mirada que sólo la redondean para 2016, con algún gobierno más amigable con las empresas y los mercados.

Hombres de finanzas expertos dicen que en el exterior la visión sobre la situación Argentina está claramente fragmentada entre los que quieren aprovechar el 11% de rendimiento de los bonos o las posibilidades petroleras del yacimiento de Vaca Muerta, como Chevron –sin tener en cuenta la evolución de la economía en los próximos meses– y los que, de la mano de la desconfianza que generó la política del Gobierno en los últimos años, no quieren ni oír hablar del país.

Pero las dos visiones coinciden en un punto: con la devaluación, los dólares de la soja y la suba de la tasa de interés el escenario económico ganó en estabilidad de corto plazo.

Claro que esa evaluación no contempla la caída de la actividad que se registra en varios sectores clave de la economía (autos, autopartistas, comercios, etc) que comenzó a afectar el nivel de empleo en forma preocupante, algo que la caída del crédito y la suba de la tasa de interés terminaron de coronar.

Mientras tanto, ayer también se corrió el telón sobre lo que haría el Banco Central con el dólar de entorno de $ 8 que había quedado prácticamente fijo en los últimos 110 días.

El Central lo subió a $ 8,05 y terminó la incertidumbre sobre si lo movería o no antes de agosto, cuando comenzará a menguar la entrada de los dólares de la soja.

Se cumplió así con la idea del titular del Central, Juan Carlos Fábrega, que sostenía que al dólar oficial de $ 8 había que comenzar a moverlo en tiempos de abundancia de divisas y no con la escasez para acotar especulaciones.

En otra palabras, ayer fue Fábrega el que subió al dólar y no por presión del mercado sino para terminar con la idea de que el dólar de $ 8 había llegado para quedarse y comenzar a delinear un nuevo escenario de cierto atraso del dólar con el fin último de un intento de reanimación del consumo.

La movida del dólar oficial fue también un test para el alto grado de sensibilidad que tiene el mercado y que se reflejó en una estampida (subió de 14% a 29% en un día) de la tasa para operaciones entre bancos conocida como “call money”.

Cuando el dólar oficial se mueve, quien tiene que liquidar divisas prefiere demorar el momento de la venta de sus dólares y, por tanto, sale a buscar pesos para cubrirse.

Así se explica la estampida del call que, además, se da en un mes de pago de las liquidaciones de Ganancias y Bienes Personales, cuando el Estado actúa como una verdadera aspiradora de pesos.

En este contexto de cortísimo plazo y minidevaluación (se consolida la idea de que el dólar va para algo más de $ 9 a fin de año) absorción de pesos y suba de tasas, sacar el frío de las ventas será difícil.

La Presidenta anoche dejó en claro que está dispuesta a darle pelea a la recesión por el lado de la demanda.

El aumento de hasta 40% en las asignaciones familiares y de 40% en la asignación por hijo fue mucho más que un anuncio para tratar de contrarrestar la presencia de trabajadores en el acto de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo y ganarle la tapa de los diarios.

La fuerte caída del poder de compra de los planes sociales a partir de la devaluación y el salto inflacionario requería una recomposición para asistir a los sectores más afectados por la suba de precios.

Seguramente que la apuesta del ministro Kicillof será a que la inflación no se coma esa mejora de ingresos, pero la puja no será fácil si renacen las expectativas sobre movimientos en el dólar.

Kicillof dejó en claro que su intención es mover los menos posible el precio del dólar, pero para cimentar su idea serían necesarias señales sobre cómo piensa conseguir dólares una vez que terminen de entrar los billetes de la soja.

¿Tendrá un plan B para evitar el salto cambiario de fin de año con el que algunos especulan? En este tema, la respuesta se suele asociar a esa máxima maradoniana de billetera mata galán. 

Fuente: Clarín